Suspiros de Ys

Los antiguos acertijos que el viento silbaba encontraron cobijo en mi mente soñadora. Y gracias a ellos y a las líneas invisibles que tendía en el camino llegué al jardín. Las nubes, con sus reveladoras formas, me adelantaron algo de la naturaleza de aquel lugar; las piedras del camino también susurraron sus secretos. Por ello supe que me hallaba en el jardín de los deseos olvidados.

Avancé sobre la hierba, serpenteando entre el camino de helechos y cuando mis pasos me llevaron al claro, sentí que el viento cesaba sus susurros y la hierba callaba. Noté el velo de la naturaleza separarse de mí y me encontré solo. Caminé despacio entre los árboles milenarios cubiertos de musgo, contemplé el estanque, inmóvil como un espejo y que ofrecía un reflejo brumoso de las ramas que se mecían sobre él. Cuando me internaba en el jardín sentí una presencia.

Me rodeó y sentí su curiosidad, cómo jugueteaba con mi espíritu; entonces se reveló como un punto de luz que flotaba en el aire. Se acercó y permanecí totalmente quieto. “¿Qué eres?” Pensé. “Mira” sentí que dijo “Mira y lo sabrás”. El punto brillante se acercó a mí rostro y al mirarlo noté que su resplandor provenía de otros lugares, era una ventana a aires ignotos. Y mientras observaba a través de él volví a sentir su voz.

“Soy la llama extinta, el deseo olvidado, lo único que queda de los suspiros de quienes amaron Ys, la ciudad más hermosa que ha existido en la tierra y cuyo recuerdo ha sido desterrado”. Pero no pude responder, apenas podía respirar ante la visión de la majestuosa ciudad que veía a través de la luz. Estaba en medio del mar, sus blancas murallas rompían las olas en espuma. Las casas y templos se arremolinaban entre sus amplias avenidas, por cuyos bordes corrían aguas cristalinas en las que bebían los pájaros y donde flotaban velas que servían de iluminación de noche.

Pero el culmen de la belleza de Ys era su gran torre. Se elevaba en el centro y punto más alto de la ciudad. Estaba tallada en piedra de color escarlata y tachonada de placas de oro y bloques de mármol blanco, lisa y altísima como un enorme pináculo, en lo más alto estaba rematada por un inmenso bloque de cuarzo tallado en forma de galeón. Y eso no era lo más sorprendente, los druidas habían imbuido en el material una nueva propiedad, por la cual brillaban entre los cristales pequeñas luciérnagas azules que se mezclaban con los destellos del atardecer.

Abrumado, me separé de la luz que me mostraba esas maravillas. Me recompuse y sentí que la voz de la naturaleza había vuelto y que el jardín se mostraba como otro cualquiera, perdida ya su identidad. Vagabundeé entre las flores que se abrían al sol de la mañana y supe que el recuerdo de Ys y la llama de mi deseo por ella nunca menguaría.

Y mientras volvía a mi cabaña iba pensando que quizá, al menos durante un tiempo, uno de los recuerdos errantes del jardín de los deseos olvidados podría descansar de su abandono y sentir el calor del anhelo humano. Porque ahora, irremisiblemente, estaba enamorado de Ys y los suspiros que antaño provocara habían vuelto de nuevo.

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2 comentarios sobre “Suspiros de Ys

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    1. Mi costumbre era publicar los sábados y volveré a hacerlo. Así que mañana ya toca. Te agradezco la lectura y el comentario, ya que es lo que hace que escribir tenga sentido.

      Un abrazo.

      Me gusta

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