Entre la hojarasca

 

Con manos crispadas como garras

Buscaba incansable entre la hojarasca

El diamante soñado,

y lloraba.

Un recuerdo borroso

Palpitaba en cada lágrima.

 

Y la joya imaginaria

refulgió en sus dedos.

Entre los recuerdos,

Como uno más,

Brillaba.

Anuncios

¿Estás hablando conmigo?

Agustín esperaba con ávida impaciencia que comenzara el último capítulo de su serie favorita: Pepín Bad. En ella, Pepín era un empleado de limasa que, sabiendo que iba a ganar el PP y se acercaba el fin del mundo, había aprovechado su experiencia profesional y sus contactos para montar una red de tráfico de gominolas con poderes alucinógenos. Agustín, en su sofá de su triste estudio en Albuquerque, Nuevo México, quedó mirando la pantalla expectante, solo pensaba una y otra vez lo mismo: las series españolas eran insuperables.

Se removió inquieto cuando apareció el logo de la serie, un camión de la basura con una bandera pirata. Al comenzar la canción del Canelita supo que ya estaba a puntito. Notó como empezaba a salivar.

Pero cuando acabó la presentación saltó un anuncio. A Agustín casi le da un jamacuco con las luces de colores. Una voz potente, al doble de volumen que la serie, dijo:

“Sabemos que no podéis esperar. El hombre de hoy siempre está listo para mejorar ¿Eres un hombre de hoy? Con nuestras ofertas cualquiera puede destacar entre los demás. No esperes más. Solo quien está a la última tiene posibilidades de éxito ¡No seas un fracasado! Tenemos la satisfacción de informarte que hemos suspendido el último capítulo de Pepín Bad sustituyéndolo por un maratón de increíbles ofertas.”

En la pantalla se anunció un producto, pero Agustín ya no oía nada. Miraba los colores bailando en el televisor con la mandíbula desencajada. Lentamente fue cobrando conciencia del timo. Se levantó muy despacio y fue a la cocina, cogió los cereales y abrió la bolsita que venía al fondo. Era la última pieza para montar un subfusil de asalto de los marines. Agustín llevaba dos años comprando los cereales para juntar las piezas. En fin, cosas de americanos. Cuando lo tuvo listo sacó el cargador que llevaba un año reuniendo en partes, gracias a las bolsas de kikos.

Agustín se colocó delante del plasma traidor, que parecía saltar en el mueble gritando ofertas y lanzando imágenes parpadeantes, le quitó el seguro al subfusil y abrió las piernas.

-¿Estás hablando conmigo?- Miró a los lados y lo repitió. – ¿Estás hablando conmigo? Aquí no hay nadie más, creo que estás hablando conmigo.

Y apuntando con su arma, mientras rememorada su película favorita, Cani Driver, le vació el cargador a las ofertas de la tele.

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.

Subir ↑