Elecciones subnormales

(Ilustración de Rocío Yuste)

Nunca me gustó la política, ni sus discursos. Pero las mujeres… En fin, tienen ese poder sobrenatural de cambiar las inclinaciones masculinas con un guiño o incluso menos. Cuando conocí a Beatriz y me propuso ir al discurso de investidura del presidente me pareció un plan perfecto, aunque normalmente no habría ido ni bajo amenazas de muerte.

Reconozco que cuando empezamos a apretarnos entre fervorosos afiliados al partido me fue cambiando el talante y más aún cuando vi el escenario y a nuestro presidente. Un tipo bastante majo al menos. Nada más llegar nosotros empezó a hablar.

-Nos espera un duro camino, amigos. Pero somos españoles y podemos con lo que sea. Desde Europa dicen que no lo conseguiremos pero ¿están aquí acaso? ¿Qué saben ellos?

La gente rugía y aplaudía ruidosamente. El PIP, Partido Independiente Positivo había ganado por primera vez las elecciones y la gente estaba como loca.

¿Dónde me he metido? Pensé.

Me centré en Beatriz que me ponía ojitos y comentaba aquello. Pero empecé a sentirme mal, no sé si fueron las luces, el runrún de la gente o el agobio que creaban, pero me fui mareando. Beatriz lo notó e intentó sujetarme, pero no fue lo bastante rápida y caí golpeándome la cabeza y sumergiéndome en la oscuridad.

Desperté en el mismo lugar unos instantes después, o eso creía yo. Beatriz me daba golpecitos en la cara y la gente alrededor miraba curiosa. Desde el primer momento todo me pareció un poco diferente, los colores, la gente, incluso el sonido. Entonces me incorporé y alguien me dio agua. Sabía rara. Cuando vi el escenario casi me desmayo otra vez.

Porque aquel no era Majoy, nuestro presidente del PIP y un tipo bastante majo. Aunque su cara era igual, el hombre del escenario iba vestido diferente, me llamaron la atención los carteles donde no había ninguna referencia al partido que yo recordaba, había un mensaje muy diferente.

Decía: Primer ministro Pajoy, Capitán de la República Ibérica Potente, RIP. Su discurso tampoco se parecía nada.

-…Porque es una vergüenza que esos extranjeros pululen por aquí. Dice la ONU que somos inhumanos, inhumano es dejar que los extraños nos roben el pan. Además ¿cuánto poder tiene la ONU? Mejor que se callen o los callaremos con la bomba de hidrógeno.

Pensé que estaba alucinando o que era el mundo el que alucinaba. De un modo u otro Beatriz seguía el discurso de Pajoy arrobada. Le dije que tenía que ir al baño y me dijo que no tardara que la Policía de Control nos observaba. Confuso, entré en esos infames cubículos de plástico o servicios portátiles que era lo único que no había cambiado. Me miré a un espejo borroso y vi que al menos seguía siendo yo.

Cuando salí había una cola de doce personas mirándome con expresiones hostiles y diciendo que cómo tardaba tanto. Me confundió porque apenas había estado un minuto o dos.

Fui a reunirme con Beatriz para intentar sacarla de allí, pero a medio camino pensé si sería realmente ella.  Mientras pensaba, unos tipos con unas gorras negras donde se leía “control” se me acercaron, me asusté y salí corriendo. Fui hacia la salida pero al abrir la puerta y cruzar me encontré con una sala enorme, exactamente idéntica a donde estaba antes.

La gente miraba hacia un escenario donde se leía “Partido Popular”, un tipo hablaba en una especie de púlpito.

-Dije que iba a bajar los impuestos y los voy a subir. Tendremos que recortar en educación y sanidad y aumentar la jornada laboral… Y todo esto lo hago por España.

Me sentí realmente enfermo, este sujeto parecía llamarse Rajoy. Entonces me miró y sentí tal pánico que comencé a gritar. La gente se acercó pero ya no eran personas sino monos tití que saltaban a mi alrededor y me tiraban de las orejas y el pelo. El techo cayó sobre todos nosotros en forma de lluvia de algodón y el suelo pareció convertirse en mermelada de kiwi.

Me fundí con los monos tití, con las luces, el algodón y la mermelada, mi cuerpo tenía dimensiones colosales. Mi cabeza salió por la estratosfera y vi a un minúsculo ser, mezcla de Majoy, Pajoy y Rajoy que nadaba por el espacio y con una honda me iba lanzando gaviotas muertas. Las notaba golpearme la cara, plac, plac, plac.

Plac, plac, plac. Abrí los ojos y todo volvió a cambiar.

-Llevo un rato intentando despertarte, dabas vueltas y gruñías inquieto.

-Gracias cariño, era una pesadilla espantosa.

Me levanté y fui dando tumbos a beber agua, estaba mareado, el sueño realmente me había afectado. Mi mujer me dijo algo de llegar tarde pero no le presté atención.

Me serví agua helada y salí al porche, bebí un sorbo y me detuve a la mitad. Delante de mi casa había un hombre de traje en un coche oficial con banderitas con los colores de nuestro país: verde, lila y amarillo. Me sonreía con cierta tensión y señalaba su reloj de pulsera mientras hacía ademanes para que me acercara. Parecía conocerme.

Entonces miré los carteles de la calle y perdí las fuerzas, el vaso cayó blandamente sobre el césped y yo me desplomé sobre los escalones donde quedé sentado. Eran inmensos carteles que se perdían hasta donde llegaba la vista en la amplia avenida, en ellos estaba yo, bronceado y sonriente.

Debajo se leía: Elecciones subnormales 2016, confía en Fajoy, vota al POP. Partido Oportunista Perezoso.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: