La pregunta

 

 

Errando entre las densas brumas y los caprichosos torbellinos de la mente

La Pregunta, como un titánico badajo, golpeaba sin tregua mi frágil alma,

Haciendo saltar pedazos de espíritu cristalino y también todos mis anhelos,

Hasta convertirme en un monstruoso vacío que con cada latido se reducía.

Y siendo ya igual a nada, mi pregunta se respondió a sí misma, estallando

En infinitos principios, infinitos amaneceres e infinitos anhelos…

 

 

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