Fin

 

Iba cayendo, deslizándome por la escalera de caracol. Los dientes rechinaban en las paredes, el día se terminaba en los girasoles y yo me iba cayendo, cayendo cada vez más cayendo, cada vez más.

Hasta que, con un sonido de cañones, las ventanas se abrieron y las nubes curiosas miraban como caía cayendo. Y giraba y rodaba y saltaba y rebotaba cayendo. Hasta la luna pudo verme. Y el pudor estalló en mis pestañas cuando la sal del mar rozó el aire que respiraba.

Lloré.

Abajo me esperaba el cielo, pero yo aún caía. Y recordaba la isla del loto y el lago de ceniza, también las montañas como brasas encendidas, el mar humeante y convulso. Recordaba el fin, pero me esperaba el principio. O eso creía.

Mi suerte estaba oculta. Bajo las enredaderas maliciosas que me asediaban con su meticulosa paciencia, tras las volutas de humo que espesaban mi espacio vital. Nadie conocía mi vibración, mi tono, mi ser. Porque nadie había ni podía haber. Estaba solo.

Por ello, al torcerse el rayo sobre la palma de mi mano, comprendí de golpe las entrañas de la oscuridad, el aullido del odio, la daga fulminante y el paciente veneno. Y la muerte me sonreía mientras el cielo se acercaba en todas direcciones.

El Universo entero se plegaba sobre mí, desordenándose, desintegrándose. Y la intensa y efímera belleza de la destrucción me envolvía como una cálida caricia. Pronto sentiría el sabor de la inexistencia.

La noche bebía de mí, robando mi sangre. Me asimiló hasta que fui uno con ella y las celestiales promesas parecieron burlas macabras en mi regazo. Observé esas pequeñas esperanzas sin sentido. Y las devoré mientras reía.

Mi sonrisa era el horizonte. Noté que ya no caía, no podía caer más. El final me abrazó con suavidad mientras los últimos rescoldos del sol chispeaban y se apagaban. Y mi yo tembló como la llama de una vela rodeada de misteriosas sombras. Mi apocalipsis íntimo iba desgranando ya su final.

El cielo y las tinieblas se fundieron en un matrimonio infinito. Las estrellas cayeron en los mares y sisearon antes de convertirse en negra roca muerta.

Y, por fin, el último reinado comenzó, el imperio del silencio y la oscuridad. El imperio de la noche eterna.

 

 

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3 comentarios sobre “Fin

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  1. Intenso y bello tu relato al imperio de la noche eterna, con ese despliegue de elementos, plantas, cañones, ventanas, nubes, sonidos
    Me quedo especialmente con uno de sus fragmentos … “esas pequeñas esperanzas sin sentido. Y las devoré mientras reía”
    Me encantó, Daniel
    ¡Feliz sábado!

    Me gusta

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