El Génesis según Pepe

 

 

“Dios no juega a los dados”

                  Albert Einstein.

 

 

En el principio creó Dios los cielos y la tierra.

Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.

Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz.

Pero tras varios chisporroteos la luz volvió a apagarse. Y vio Dios que esto no era bueno.

Por tanto, resolvió llamar a Endesa.

Vio Dios que esto tampoco era bueno cuando le respondió una voz grabada y le hacía repetir los mismos pasos en bucle.

Tras varios años con las obras paradas, después de hacerse miembro de la OCU y montar una plataforma divina en contra de los abusos de las eléctricas; entonces Dios pulsó el interruptor y se hizo, por fin, la luz.

Sacó Dios el periódico y vio que luz alumbraba bien. Sacó Dios el bañador y la toalla, y comprobó que calentaba bien. Por tanto, con gran satisfacción, separó la luz, a la que llamó Día, de la oscuridad, a la que llamó Noche.

Luego dijo Dios: Haya expansión en medio de las aguas, y separe las aguas de las aguas. Y que quede todo perita. Con sus poquitos de acantilados y sus playitas en condiciones.

Y así lo ordenó. Pero Emasa y las depuradoras estaban en huelga. Y había violentos enfrentamientos entre la patronal y los sindicatos mientras Dios observaba impávido.

Ya un poco hasta las narices intentó usar sus omnipoderes, que para algo los tenía, pero la burocracia era demasiado fuerte y resistió firme, los milagros no podían torcer una administración tan férrea.

Así que tuvo Dios que afiliarse a un partido político, subir a la cúspide y presionar durante meses para terminar con la huelga.

Y ya estaba Dios agotado, pero le dio la energía para crear impetuosos mares y tranquilos lagos; y arroyos, cascadas, ríos y playas.

Y se quitó Dios las sandalias y probó el agua, y vio que estaba bien, y, cuando se disponía a descansar, vio que estaba todo revuelto y mezclada la tierra y el agua, todo húmedo y no había donde tumbarse. Así que tuvo Dios que volverse a poner las sandalias y pensar en algo.

Y pensó Dios en separar las aguas de la tierra, y llamarle Tierra a lo seco y Mares al agua.

Y, prevenido, escribió Dios una solicitud formal al sindicato de constructoras, con tono educado y solícito.

No respondieron.

Por tanto, comenzó Dios su titánica obra de separar aguas y tierra. En diez minutos estaba rodeado de una docena de protestones inspectores de obras.

Les dijo Dios que tuvieran cuidadito, que aun estaba por escribirse la parte de Jehová, con sus diluvios y matanzas, y los constructores se quitaron de en medio rápido.

Se tumbó Dios cuan largo era, a descansar. Pero todo estaba muy áspero e incómodo. Faltaba algo. Y Dios cayó en la cuenta.

Así que convocó Dios a la hierba suave y aromática, y la mandó crecer hacia arriba desde la tierra. Pero en ese momento llegó una delegación comercial de Bruselas con claras instrucciones de parar aquello. La UE jamás permitiría que la producción de hierba o cualquier vegetal superara los límites establecidos.

Dios se mesó su espiritual barba; estaba empezando a mosquearse. Sacó a medias su Rayo Destructor del bolsillo de la túnica, pero como su carácter era perfecto se lo pensó mejor y sonrió.

Y tuvo Dios que darles cientos de explicaciones sobre la necesidad vital de crear la Tierra, sobre la importancia del Génesis del hombre y también tres cursos sobre espiritualidad humana.

Los inspectores no se movieron.

Dios sacó el Rayo Destructor y la Guillotina Celestial también, por si acaso.

Y dijo Dios a los allí reunidos: ¿Cuál os gusta más?

Los inspectores de obras se esfumaron dejando tras de sí tan solo una polvareda.

Y Dios tosió y siguió a lo suyo. Hecha la mullida hierba y los árboles y su buena sombrita, Dios se tumbó a descansar un rato, que ya tocaba. Pero, cuando se estaba quedando ya frito, notó Dios un silencio sobrecogedor. No se escuchaba ni un pajarito ni se veía movimiento alguno.

Y Dios se acordó de los animales. Y creó a los alegres gorriones y a los elegantes felinos. Creó al rinoceronte y a la libélula. A la ballena y al mosquito. Y fue Dios creando y creando, y cuando terminó colocó sobre ellos, con su santísima inconsciencia, el yugo del hombre. Y así Dios no tuvo que crear un infierno para los pobres animales porque ya el hombre se encargó de crearlo para ellos en la propia tierra.

Pero esta historia pretende ser divertida, así que obviemos esa parte.

Ya tenía Dios enfilada la cosa, pero quedaba una última tarea, la más importante y la que, en apariencia, daría sentido a todo lo demás: crear al hombre.

Pero Dios estaba ya muy cansado y, la verdad, lo creó sin muchas ganas, si no miento tengo que decir que estaba ya medio dormido.

Y así le salió.

Una chapuza, vaya.

Y ya habiendo Dios terminado todo por fin, se levantó del suelo del salón, donde llevaba horas gateando en círculos, y se dio cuenta de que, al fin y al cabo, no era Dios, sino Pepe Palomares, el butanero. Y que aquello no era la Nada Primordial, sino su piso a medio pagar del barrio de Las Delicias. La foto de boda de la mesita de la tele así lo demostraba.

Y cayó Pepe en la cuenta de que esa gominola que había cogido del mueble de la entrada y se había comido sin pensar quizá no era una gominola normal.

Y fue Pepe a la entrada y vio las llaves de su hijo junto a los restos de la gominola, y se cagó Pepe en la madre que parió al niño, en estas drogas modernas, y en todo de lo que se acordó en ese momento.

Y, finalmente, pensó Pepe que ya hablaría con el niño después y que, ya que estaba con el Génesis, bueno sería seguirlo y echarse un ratito, que es lo que pone después de tanta creación, la cual, aunque imaginaria, también cansa. Así que, tropezando, se dirigió al dormitorio.

Y por tanto, a la séptima hora, Pepe pudo descansar.

 

 

                                                                 FIN

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Poder

 

 

Podría ser amado por mujeres de ensueño.

Podría elevarme entre las cumbres del pensamiento.

Podría derretirme ante un puñado de poemas.

Podría sentir el Sol y comprender.

Podría viajar para siempre.

Podría fundirme con la música

Y desaparecer.

Podría soñar con suaves edenes multicolores.

Podría nadar cada noche en un verso de Blake.

Podría mirar las viejas alturas

Y admirar la técnica de Nabokov.

 

Podría morderle a la vida en el cuello.

Desde luego que podría.

Podría vivir cada segundo

Con valor y decisión.

Podría.

Yo, y cualquiera.

 

Y sin embargo prefiero

-Yo, y muchos más.-

(Siento el ronroneo de la amargura)

Contar los viles minutos

Que distan hasta la noche.

 

Y, sobre todo,

Sentir el pálpito y el suspiro

De la oscuridad

En la fría madrugada.

Gea y Selene

 

 

–Oh, pálida vergüenza. Silencia tu melosa lengua y cierra esa boca que rebosa miel envenenada. No des lecciones a quien ya las recibe de esos que escarban como gusanos, bucean como reptiles, vuelan como buitres y caminan, como dioses, por mi propia piel. ¡Humanos! Locos desagradecidos e irresponsables. Y tú, con tu rostro envuelto en un sudario de ceguera, quieres defenderlos ¿Por qué?

–Eres la perla azul de un imposible sueño de vida y amor ¿Y me haces esa pregunta? Mírate. Eres hermosa, hermosa y única en el vasto éter. Deslumbras en el abismo de la nada. Esos niños que te recorren y te tratan con crueldad crecerán. Créeme, lo harán. Y quizá cuando sean señores de las estrellas, tú sentirás el orgullo de ser su cuna y yo el orgullo de inspirar sus sueños. Es por eso que los defiendo, porque mi espíritu los acompaña.

–Necia ingenua. Moneda sin valor. Te empeñas en sostener la aventura en tus ojos, la poesía en tus labios y el delirio en tu mente. La noche será eterna para todos, para ellos y para nosotros. Y tú, mentirosa escurridiza, que te alejas imperceptiblemente y pones fecha cósmica al fin del hombre ¿de verdad quieres seguir sosteniendo esta lastimosa farsa?

–Sea o no como dices, mi confianza es grande. Y te disculpo por esa navaja cruel que usas para hablarme. Sé que tu dolor es intenso y seguirá siéndolo, tus heridas son innumerables y enormes. Y es cierto que la última noche me alcanzará lejos, pero los designios fluyen por su cuenta. Y tal es el mío. No obstante, reconoce esto al menos: son tenaces, son fuertes. Les has dado fruta, carne y leche en tu esférico paraíso, pero también hielo y fuego destructores y viento afilado y agua arrasadora. Mas perseveraron, resistieron y crecieron, y hoy te cubren como diamantes sobre una joya celeste.

“Ten confianza, hermana mayor. Ten confianza.

“Quizá mi sueño escale tu amargo pesimismo y coloque una cima allá donde no quieres mirar. El tiempo resolverá nuestra incógnita y veremos de qué lado cae la balanza. Y si es ceniza, en ella nos hundiremos; y si es gloriosa esperanza, nos iluminará para nuestro regocijo.

“Esperemos pues, ya que nuestra paciencia es infinita.

–Esperemos.

Gea calló. Y guardaron silencio mientras observaban a esos seres pequeños pero poderosos que se afanaban por llegar a un lugar que eran incapaces de imaginar. Que buscaban un destino que no tenían. Y, en definitiva, que perseguían algo que solo ellos mismos podían crear. Porque estaba en el interior de su propia esencia.

Por ello, nos observaron y esperaron que el futuro se desenvolviera.

                                                                 FIN

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