Instrucciones para tender la ropa con estilo

 

 

Esta mañana estaba leyendo Técnicas artísticas para tender la ropa y ser la envidia del ojo patio y me enteré de una cosa curiosísima.

En la parte de historia del palillo común y ramificaciones familiares podemos leer lo siguiente:

Pocos saben que, en plena efervescencia del coronavirus, allá por el siglo XXI, la Tierra fue invadida por unos extraterrestres con forma de palillo de la ropa, eran unos palillos súper inteligentes y malvados que llevaban mil años planeando su ataque. Pero solo tenían pinchada la MTV, con lo cual estaban convencidos que la humanidad era imbécil y además no sabían de nuestra pandemia.

Así que vinieron, aterrizaron con sus naves, cuya forma y dimensiones eran como las de una pamela, y vieron que estaba todo desierto. Caminaron con sus patas de palillo, observando por aquí y por allá. Solo había soldados y policías, la gente estaba escondida y miraba por las ventanas. Llegaron a la conclusión de que pasaba algo, quizá era una trampa. Los alienígenas ya no sabían qué hacer. Entonces, sin previo aviso, todo el mundo salió a los balcones y empezó a aplaudir y a gritar, pusieron música a toda hostia, cantaron y bailaron.

Y todos gritaron a pleno pulmón “¡Vivan los sanitarios!”. “Mierda” dijo el líder de los palillos “¡Es su grito de guerra! Estaban preparados, eran más listos de lo que pensábamos”. Creyéndose descubiertos, el líder ordenó la retirada y volvieron a sus naves, partiendo, sin perder un segundo, en dirección a su planeta natal, Cestus Alfa, que está pasando Frolik 8 a la izquierda.

Sin embargo, sus cuerpos tenían una parte metálica (al fin y al cabo, eran palillos de la ropa) y el virus se adhirió a ella. Cuando se bajaron de la nave, ya en su planeta, todos se contagiaron del virus terrestre y provocó en sus extraños organismos alienígenas una reacción fatal: se disolvieron en serrín de baja calidad.

Y así fue como la humanidad, sin ni siquiera darse cuenta, acabó con la mayor plaga del espacio, los malvados palillos de la ropa, que ya habían arrasado diecisiete civilizaciones inteligentes y destruido cientos de mundos. El coronavirus terminó pasando y se olvidó, y la galaxia quedó más tranquila que nunca.

Hay que joderse, pensé, las tonterías que escribe la gente. ¿Pero, quién carajo se va a creer semejante chorrada? Por mucho que lo ponga en un libro tan respetable y artístico. Lo coloqué con cuidado en su lugar exacto, entre el Tractatus palillosophicus y un ejemplar del famoso texto, La insoportable levedad del palillo.

Vaya historia, pensé, tenderé los calcetines con doble tirabuzón y bucle al viento; pero antes voy a ver la tele un rato.

Click.

Chan, chan, chan” ”pirulín, pirulán”

Noticias de la tarde. Primicia galáctica: Se ha encontrado un planeta, más o menos a la altura del sistema Frolik, con una avanzada tecnología y grandes recursos, pero totalmente lleno de serrín. No se ha encontrado ningún habitante. Ya se planea una expedición a gran escala, se enviarán dos divisiones de científicos y cinco de barrenderos. Nadie se explica qué pudo ocurrir con los seres del lugar, ni por qué cubrieron su mundo con serrín antes de partir.

Me quedé boquiabierto ¿en serio nadie sabía la verdad? Si lo ponía en ese libro… Vaya panda de ineptos. Qué desinformación. Seguí a lo mío, me concentré en el bucle leonado del pico de la bata, que tendí de forma aural. Mientras, con una sonrisilla, no podía dejar de pensar “A saber lo mal que tenderá esta gente inculta, deben ser la vergüenza del vecindario.”

Uno de los palillos de la cesta pegó un saltito fuera de ella, luego, brincando se acercó a mí:

–Hola. ­–Dijo.

La sonrisa se me congeló en la cara y el bucle se echó a perder.

 

 

FIN