La vida azul

Acércate, corazón nómada.

Escucha, alma pasajera.

Acércate y escucha

Palabras azules que besan.

La vida azul no ronda

Las hogueras de poetas entronados,

Ella tampoco ensombrece

Las brillantes aureolas de los santos.

La vida azul no duerme

En pechos de rosados capiteles,

Ella no se posa

En la mirada de sabios eminentes.

La vida azul no es rosa

Ni celeste, ni negra;

Se extiende caprichosa

Igual que crece la hiedra.

Ella viste el resplandor

Que proyecta largas sombras.

Pero sus chispas azules de amor

Bailan con todas las cosas.

Su existencia tenue pero inmortal

Sostiene en su regazo una dádiva.

Y es que una sonrisa pesa mucho más

Que un océano de lágrimas.

2 comentarios en “La vida azul

    • Sí, a veces hay que sacar una sonrisa en los peores momentos. Este poema lo escribí hace un par de meses. Es como un mecanismo compensatorio, diría yo. Recuerdo una cosa que dijo Billy Wilder, algo así como que cuando estaba deprimido le salían comedias y cuando estaba alegre le salían dramas. En fin, hay que autorregularse un poco, intentar no subirse a la parra ni caer demasiado en el fondo del abismo. Gracias por leerlo y por tu comentario.

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