Del alma de los artistas, Nietzsche

Lo perfecto tenido como no hecho.

Estamos acostumbrados en presencia de cualquier cosa perfecta a no proponernos el problema de su formación, sino a gozar de su presencia como si hubiera surgido por arte de magia. Verosímilmente nos encontramos entonces todavía bajo la influencia de un antiguo sentimiento mitológico.
Nos produce casi la misma impresión (por ejemplo, un templo griego como el de Paestum) como si un dios lo hubiera construido en una hermosa mañana para morada suya, con bloques enormes, o como si un alma hubiera repentinamente penetrado por encantamiento en una piedra y quisiera ahora hablar por sus resquicios. El artista sabe que su obra no tendrá pleno efecto sino cuando despierta la creencia de una improvisación, de una milagrosa espontánea producción, y así de buen grado contribuye a esa ilusión e introduce en el arte elementos de inquietud entusiasta, de desorden como palpamientos de ciego, de sueños que cesan en el comienzo de la creación, como un medio de engañar para disponer el alma del espectador, o del oyente, de manera tal que crea en el brote espontáneo de lo perfecto. La ciencia del arte debe contradecir de la manera más terminante esa ilusión y demostrar las conclusiones erróneas y los malos hábitos de la inteligencia, merced a los cuales cae en el dominio del artista

Creencia en la inspiración

Los artistas tienen interés en que se crea en las instituciones repentinas, en las llamadas inspiraciones: como si al idea de la obra de arte, del poema, el pensamiento fundamental de una filosofía, cayese del cielo como un rayo de la gracia. En realidad, la imaginación del buen artista o pensador produce constantemente lo bueno, lo mediocre y lo malo; pero su juicio extremadamente aguzado, ejercitado, rechaza, elige, combina, así es como nos damos cuenta hoy, viendo los apuntes de Beethoven, de que ha compuesto poco a poco sus más magníficas melodías y las ha entresacado de múltiples bosquejos. El que discierne menos severamente y se abandona de buen grado a la memoria reproductora podrá, en ciertas condiciones, hacerse un gran improvisador; pero la improvisación artística está en un nivel muy bajo en comparación de las ideas de arte elegidas seriamente. Todos los grandes hombres son grandes trabajadores, infatigables, no solamente para inventar, sino todavía para rechazar, modificar, compulsar, arreglar.

Más sobre la inspiración.

Si la facultad de producir se ha suspendido alguna vez y se ha detenido en su curso por algún obstáculo, se desborda después tan súbitamente como si una inspiración inmediata, sin trabajo
interior previo, como sí un milagro le impulsara. Esto es lo que produce la ilusión conocida, en cuyo mantenimiento, como he dicho, están interesados los artistas. El capital no ha hecho más que acumularse, no ha caído del cielo una sola vez. Pero queda aún, en diferente escala, alguna otra inspiración aparente; por ejemplo, dentro del dominio de la bondad, de la virtud, del vicio.

Friedrich Nietzsche.

Humano, demasiado humano. Capítulo IV – Del alma de los artistas y escritores.

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