El problema de las emociones

Siempre recordaré una frase que vi en una peli de niño. Se trataba de El nombre de la rosa. En los compases finales Guillermo de Baskerville dice algo así: las emociones son la fuente de todos los problemas y, al mismo tiempo, son lo único que puede dar sentido al mundo.

Las emociones son difíciles de administrar, en ocasiones son terriblemente poderosas e intensas. Y lo peor: hasta donde nosotros podemos entender, en gran medida son irracionales e incomprensibles.

Frecuentemente pienso qué diferente sería todo si pudiéramos relativizar nuestras emociones como lo hacemos con nuestras opiniones o razonamientos. Aunque lo racional y lo irracional son dos caras de la misma moneda, en muchos casos pueden aislarse ambas corrientes. Resumiendo, y desde el punto de vista de la razón, podemos decir que las emociones están locas. Están como un cencerro.

No solo nublan la razón y modifican nuestras percepciones y procesos mentales para que todo encaje con lo que sentimos o queremos sentir, no solo eso. Nos arrebatan. Si yo le pregunto a usted qué opina de ese cuadro, por ejemplo. Quizá responda que es bonito, aunque poco colorido, en fin, es un cuadro. Si yo le pregunto a usted qué opina de esa persona de la que se acaba de enamorar, probablemente no existan palabras adecuadas para expresar un sentimiento tan sublime. Pero también engañoso.

Hace miles de años que los filósofos pelean con las malditas emociones. Hubo cínicos, estoicos y muchos más. Escuelas enteras que se dedicaban principalmente a aprender a campear desdichas. Todo ese esfuerzo intelectual responde a un problema claro. La problemática dualidad entre la razón y la emoción.

Decía que las emociones son engañosas. Lo son. Pero también son hechiceras y extienden su influjo, tanto por nosotros como por los que nos rodean. Son convincentes, demasiado. Nos empujan a hacer locuras, a crear dolor y hacer daño. Pero también nos impelen hacia los actos de compasión y generosidad que quizá justifican que la humanidad siga respirando.

Desde mi punto de vista la percepción absoluta de las emociones fuertes, el hecho de que lo embarguen a uno y lo sacudan como si no existiera en el Universo otra cosa que esa emoción que nos quema el alma, es una fuente de problemas y tragedias, pero también un motor y una fuente de energía para la humanidad. Huxley y los Strugatsky, entre otros, nos enseñaron que, sin problemas, sin desafíos, no hay actos heroicos o admirables. Sin crisis no hay avance ni cambio. Y una felicidad general sostenida porque sí se diluiría y se enrarecería hasta ir deslizándose hacia la decadencia.

Las emociones nos dan nuestra dimensión humana y no se puede renunciar a ellas. Pero, aunque del estiércol surjan más tarde las flores, no es necesario que nos revolquemos en él. Quizá deberíamos ser un poco más prudentes, más razonables y realistas. Ser conscientes de la naturaleza y el poder de las emociones. Si nos poseen poco podemos hacer, pero al menos cuando tengamos la mente despejada debemos tener en cuenta cuál es su naturaleza. Los sentimientos son inestables, volubles y caprichosos. El romanticismo es muy bonito y sirve para jugar un poco, pero no es verdad, ya somos mayores. Es solo un pequeño pedacito de todo lo que significa el amor, y no el más importante.

No juguéis con el amor, por favor. El amor es algo importante y serio. No prometáis cosas que dependen de vuestras emociones, porque, aunque termine siendo verdad, fue una mentira desde el principio. Tengo las mismas posibilidades de saber si tal día como hoy a esta misma hora dentro de 25 años lloverá en Logroño, que de saber qué sentiré mañana. Las emociones no son nuestras, nosotros somos suyas. Hay que tenerlo en cuenta y no caer en cosas infantiles como “nunca dejaré de quererte”, “siempre seremos amigos”, “lo nuestro es para siempre”. Ojalá dependiera de nosotros, pero no es así. Nos comportamos como capitanes de barco, hacemos planes como capitanes de barco y somos los remeros condenados a galeras. Lo único que me gustaría es que fuéramos conscientes de ello. Si no lo somos nos haremos daño y dañaremos a los demás.

Hay que ir aprendiendo poco a poco. Pero siempre que escucho que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, pienso que también es el único animal que se pasa media vida, con suerte, tropezando consigo mismo.

Las emociones son hermosas y son la chispa que ilumina el espíritu humano, pero hay que tratarlas con sumo respeto. Nunca hay que pensar que uno es el amo, cuando, como mucho, es un igual. Creo que es bueno tener en cuenta todo esto. Y, bueno no doy más la chapa.

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5 comentarios en “El problema de las emociones

  1. Muy interesante este ensayo, reflexión o pensamientos sobre las emociones y su poder.
    Lo has explicado maravillosamente, las emociones nos llevan a lo mejor, pero las malas y negativas también a lo peor. Pese a todo, sin ellas nuestra vida valdría poco o nada creo yo. Nos arrebatan porque tienen vida propia, van por delante de nuestros pensamientos. Quizás por eso son también la guía que nos mueve, son movimientos en sí mismas … larga charla podríamos tener sobre un tema tan precioso como éste ☺️.
    Abrazos Daniel. Me ha gustado mucho leerte 🍃🍀

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    • Sí, tienes razón. Son energías, son movimientos que también, en cierto modo, nos descubren la verdad. Es curioso cómo las personas sin emociones tienen un punto ciego, un lugar en que son estúpidas, por decirlo así. Tanto la mente como el corazón son necesarios para poder comprender el mundo. Y sí, sería una larga charla, y también interesante y agradable, estoy seguro.

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  2. Pingback: El problema de las emociones — Daniel Henares – Amado Rivadeneira

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