Ensoñaciones

 

 

He sido todo lo que percibes

Y también todo lo invisible

 

He sido arroyo y maremoto,

Víctima y criminal,

Preso y fugitivo.

He sido Luna blanca y blanca sal,

He sido aire, he sido fuego,

Y, a la vez, caricia y puñal.

 

Sonrisa y desdicha,

Alba y ocaso,

Incluso la muerte,

En mi están.

 

Fui el espíritu de Spinoza.

Fui el primer verbo,

La primera molécula

Del Big Bang.

 

Fui la noche imperecedera,

Fui la hambrienta tiniebla

Y seré la infinita luz sobre el mar.

 

Y ese beso con el que tú alma sueña

Real o inventado, también seré.

Y lo seré de verdad.

 

 

 

 

 

Anuncios
Entrada destacada

Penurias y barruntos de un imprudente malaguita.

 

Cuando tomé la decisión algo protestó dentro de mí. Pero lo ignoré, craso error, y seguí mi estúpida lógica. Necesitaba aquel artículo. Así que, cuando vine a darme cuenta, me encontré en calle Larios; rodeado de pintorescos guiris, vendedores de almendras y gitanas berserker intentando empalar a los viandantes con sus ramas de romero.

Valiente mierda, pensé, ni siquiera una figurita exclusiva de Donald Trump vestido de vedette, con movimiento de baile y varias canciones grabadas, merecía pasar este maldito trauma. Pero estaba en el centro, en el centro de Málaga, ya estaba hecho: no iba a irme con las manos vacías.

Tras sortear una barrera de alemanes chancludos fui a dar de frente contra un mimo, con mi agilidad innata lo regateé, pero fui a caer en los brazos de una chica captadora de socios. Ahí ya no sé bien qué ocurrió, creo que mi consciencia se tomó un respiro, solo sé que llegué a la Plaza de la Merced, solté mis recién adquiridas posesiones en un banco e intenté recuperarme.

Revisé lo que me habían endilgado: tres tickets de altas de socios en ONG’s, cuatro cucuruchos de almendras, un globo, dos ramitas de romero que aun latían con extrañas profecías, un panfleto de helados, otro de cerveza a euro y un pequeño helicóptero luminoso que lancé al cielo para probar y cayó en un tejado.

Me puse de pie para estirar la espalda y aliviarme, estaba tenso después de subir aquel cargamento hasta allí.

–Las cosas ya no son como antes. –Dijo una voz.

–Y que lo diga. –Respondí sin volverme. –Anda que…

–Anda que no. –Me interrumpió. –Me crie ahí al lado. Les ganaba las perras a los otros niños desafiándolos a que era capaz de dibujar un animal de un solo trazo.

Entonces me volví.

–Anda, la hostia. –dije sin darme cuenta.

Estaba hablando con la estatua de Picasso. Entonces fui consciente de que el delirio de aquel lugar estaba empezando a filtrarse hasta mi propia mollera. Dejé mis posesiones abandonadas y corrí hacia la sucursal de los Pollitos Alegres, donde vendían mi soñada figurita.

Huelga decir que no llegué jamás. Llevo cuatro años viviendo entre las calles de casco histórico, una vez llegué al borde de calle Carretería, pero empezó la Semana Santa y me barrió hasta el punto de partida. Me alimento de almendras, helado y cerveza. Duermo en camas hechas con romero, me tapo con panfletos y mis almohadas son algodón de azúcar.

No sé qué será de mí. Ya no me queda un duro, si puedo remontar hasta calle Larios de nuevo creo que me haré mimo. Por eso quería advertir con esta carta, se lo he puesto en el pico a una paloma, espero que llegue a conocimiento del extra radio de la ciudad. Si vienen al centro háganlo por su cuenta y riesgo, es un lugar de tremenda gravedad y magnetismo. Puede ser el último lugar que visiten. Si deciden arriesgarse al menos despídanse de sus seres queridos y no olviden hacer testamento. A veces no se sale. Créanme. No sé si seré capaz de sobrevivir a las próximas rebajas.

Vuela, palomita, vuela. Si puedes salvar a algún incauto de acercarse a este agujero negro habrá valido la pena este último esfuerzo. Oh, ya están encendiendo las luces de Navidad, me queda poco tiempo. Rápido, coge vuelo, a ver si al menos llegas al Perchel.

 

Entrada destacada

Pherenike

 

En el centro de la oscura laguna un pequeño punto permanecía inmóvil. El barquero esperaba.

Sentía su espíritu deslizarse sobre esa delgadísima línea que separa la razón de la locura. La barca estática era un reflejo de su ánimo, un ancla que lo ataba a su auténtica maldición: el tedio. La superficie de la laguna Estigia parecía reflejar la noche, pero la contenía. Y cada estrella era una esperanza muerta, flotando en el fondo de las aguas del olvido.

Su voluntad se asemejaba a un pajarillo volando entre dos muros de llamas, pero algo ajeno a él le obligaba a continuar. El tiempo ya no era nada, no existía. El presente se había diluido en una vacía eternidad en la que todo parecía un sueño brumoso. Entonces el mandato golpeó su voluntad y sus brazos comenzaron a moverse mientras las palabras de su amo tocaban su mente.

La belleza emana de la muerte. Cuando la última luz se extinga y la quietud eterna lo abarque todo, podrás descansar.

Para el barquero era otro rumor del río, como el roce de las aguas. No pensaba en ello, solo sabía que debía cumplir con su tarea. No recordaba el motivo de su castigo y no le importaba. Ni siquiera sabía cuál era su nombre cuando aún estaba en el mundo de los vivos. Todo estaba tan lejos. Tan perdido.

Lo que parecía un espíritu esperaba en la ribera y el barquero creyó sentir un cambio, no supo si en las aguas o directamente en su corazón. Se acercó poco a poco, lo empujaba una inercia de raíces profundas y ocultas; un impulso cuyo origen estaba perdido en el caos primigenio, una voluntad sin nombre. Llegó a la orilla y detuvo su embarcación. Allí le esperaban. Él no comprendió, aun no. Pero fue consciente de que algo diferente ocurría, de que lo nuevo tocaba su existencia. Una emoción agradable recorrió su interior. Se inclinó hacia aquel ser que vibraba con vida, ofreciéndose a lo desconocido, mostrando su esencia.

La figura que esperaba subió a la barca y él comenzó a entender. La niebla que era su mente empezó a aclararse. Recordó un prado, una cabaña, una mujer. Recordó el olor del bosque. El sabor de la risa, y también unos ojos que cantaban amor. Las evocaciones fueron cayendo como una lluvia fina y lo envolvió un placer olvidado. Lo cual provocó una cascada de visiones atropelladas que detuvo con firmeza. Al final había algo malo, una falta a los dioses, un crimen, quién sabe. No quiso indagar en ello ¿qué importaba ya? Ella seguía allí, partiendo en dos el sinsentido, como una promesa plantada en medio de la desesperación. Él se acercó y rozó sus cabellos. Solo quería asegurarse de que era real. Apartó sus cavilaciones, consciente de que el tiempo, a la larga, convierte lo más vital e importante en polvo y en nada.

Siendo aún un hombre había amado a aquella mujer. Se acercó más a ella y al fundirse sus miradas se estremeció el propio flujo del tiempo. De algún modo volvieron a vivir juntos, a ser felices. Revivieron aquellos tiempos de dicha. Unos segundos y, a la vez, unos años después, volvieron a encontrarse en la oscura orilla de la laguna Estigia. Todo era igual. Todo era diferente.  La contempló con detenimiento, recorriendo cada línea de su rostro. Sabía que quedaba poco.

Porque mientras él la observaba, el destino los observaba a ambos. Y, sin cantos ni juramentos, Hades ejecutó su castigo y en su ciega cólera arrojó al barquero a las fronteras de la inexistencia.

El señor de los infiernos, malhumorado, no tuvo más remedio que dejar a la mujer en paz, ya que tenía potestad sobre las almas, pero no así sobre la vida.

Su nombre era Pherenike, su significado: la que trae la victoria. Vivió siempre sola tras su vuelta. Algunos decían que estaba loca, otros que era una bruja, incluso había quien afirmaba que se encontraba con su amante en sueños. Que podía abandonar su cuerpo por las noches y llegar a sitios que ni siquiera existían. La temían. Ya siendo anciana, dejó de salir de casa durante una larga temporada. En el pueblo pensaron que había muerto. Unas semanas después, vacilantes, los vecinos entraron. Sus restos nunca fueron hallados.

Y de esta forma, por primera vez, alguien pudo escapar del Inframundo. Y así la ira divina, también por primera vez, tuvo el efecto de un bálsamo. Después Hades, llamado Plutón por los constructores, convocó a Caronte, encadenó a Cerbero e hizo lo que pudo por ocultar un hecho que, aún ahora, enciende su ira.

Como bien se sabe, nada de esto fue suficiente; hubo otras aventuras, otras huidas. No obstante, son historias diferentes. Y ésta ya parece precipitarse a su fin.

Pero no tan rápido. El tejido que nos sustenta es caprichoso y fluctúa de diferentes formas. ¿Quién sabe qué habrá tras el umbral de la existencia? Quizá el amor aun respire fuera del tiempo y del espacio. Cobijado en la última periferia, o puede que en algún recodo oculto de la realidad, olvidado por todos. ¿Quién sería tan arrogante para juzgar lo incomprensible?

Porque hay cosas que ni los propios dioses saben.

 

FIN

 

Inspirado en “Caronte” de Lord Dunsany 

Entrada destacada

La bondad del corazón, de Schopenhauer

La bondad del corazón es una cualidad trascendente, pertenece a un orden de cosas que se eleva por encima de esta vida y es inconmensurable con cualquier otra perfección. Allí donde dicha bondad se da en un grado muy elevado ensancha tanto el corazón que éste abarca el mundo, en tanto que ahora todo está en ese corazón y nada queda fuera, dado que identifica a todos los seres con el suyo propio. Tal bondad procura frente a los demás esa indulgencia ilimitada que de lo contrario cada cual experimenta solo hacia sí mismo. Un hombre así no es capaz de exasperarse: Incluso cuando algo suscita el escarnio y la burla sobre sus propios defectos intelectuales o corporales, en su corazón solo se reprocha a sí mismo el haber sido la ocasión para tales expresiones y por ello sigue tratándolo del modo más cariñoso sin violentarse, albergando la firme esperanza de que se retractará de su error y se reconocerá a sí mismo también en él. ¿Qué valen ante esto el talento y el genio?

 

Arthur SchopenhauerEl mundo como voluntad y representación. Comentarios. Vol II.

La circunferencia del infierno

 

 

Soy la circunferencia del Infierno;

 

Sostengo el Miedo,

Sostengo el Horror,

Sostengo la Muerte.

 

Mi espíritu vierte cenizas sobre la nada,

Mi voz proviene del silencio del desierto.

Pero mi hambre es infinita

Como la del fuego.

 

La circunferencia del Infierno, me llaman.

 

Pero mi corazón también sangra

Y mis lágrimas contienen verdad.

Mi ánimo puede ser elevado

Y queda pureza en mi mirada.

 

Porque las fronteras infernales,

Como los bordes del Cielo,

Se mezclan

Bajo nuestra piel.

 

 

La circunferencia del Infierno, me llaman.

 

Pero mi verdadero nombre

Es, simplemente, humanidad.

Brisas de mayo

 

 

La primavera se ha levantado hermosa,

Su dulce canción nos resucita un año más.

Las mujeres, el cielo, las flores y el mundo entero

Amanecen a nuestro alrededor.

 

La vida brilla de nuevo, como recién creada.

Los anhelos despiertan bañados en la nueva luz,

La sangre quema bajo la piel

Y tanta belleza quema en los ojos.

 

Es momento de sonreír, amigos.

Tras la gélida noche

Y antes del infierno de fuego,

La primavera nos abraza.

 

No se distraigan, no dura mucho.

Paseen, observen y sientan.

 

Y, sobre todo, la mayor delicia,

Caricias en el alma y en el corazón,

Es esta bendita brisa de primavera

Que susurra palabras de amor.

A la primavera, de Friedrich Hölderlin

 

 

He visto marchitarse mis mejillas y debilitarse la fuerza de mis brazos,

pero tú, oh corazón mío, no envejeces aún;

como Diana despertaba a su amado; la Alegría, hija del cielo, te ha sacado del sueño.

Pues ella se ha despertado conmigo para una nueva y ardiente juventud,

y mi hermana, la dulce Natura,y mis queridos valles me sonríen,

y los bosques, más queridos aún, plenos del gozoso canto de pájaros y de juguetonas brisas,

lanzan a mi encuentro sus enervados gritos de placer y su clamor amigo.

¡Salud a ti, que rejuveneces corazones y campos, sagrada primavera!

Salud, primer nacido del año, deliciosa primavera,

tú que despiertas a la bella Naturaleza ¡Oh amante, salud!

El río, rompiendo sus cadenas te canta himnos de fiesta

que hacen temblar sus orillas; y nosotros, los jóvenes, vamos

dando gritos de alegría hacia el río que te celebra

ofrecemos nuestros ardientes pechos a tu aliento a amoroso,

nos arrojamos al río y, uniéndonos a su clamoreo, te llamamos hermano nuestro.

Hermano, qué bella es la danza de la alegría,

la danza de amor infinito que lleva a Éter sonriente

la Tierra, tu bienamada, pues a ella viniste con tu varita mágica

desde el fondo de los valles elíseos, celeste adolescente.

Acaso no hemos visto con que gracia nueva recibe

a su altivo enamorado, el sagrado Día,

cuando, orgulloso de haber vencido las sombras,

flamea sobre las montañas, y ella,

enrojeciendo suavemente bajo la vela de las brisas de plata,

levanta los ojos, llena de una dulce espera,

y se inflama bajo su beso, y sus tranquilos hijos,

flores y bosques y campos sembrados y viñas brotadas.

 

Ahora descansa, descansa, tú y tus tranquilos hijos.

Madre Tierra, pues desde hace rato Helios ha entrado

sus caballos de llama, y los héroes tutelares del cielo

-allá Perseo, Hércules más lejos- gravitan y pasan

llenos de silenciosa ternura. Y el hálito murmurante de la noche

roza dulcemente tus gozosas mieses, y los arroyos sonoros

en la lejanía mezclan el murmullo de todo lo que mece.

 

Friedrich Hölderlin

Reseña e impresiones sobre “El Silmarillion” de JRR Tolkien

 

 

Aun en la oscuridad de las más profundas arcas los silmarils resplandecían con luz propia, como las estrellas de Varda; y sin embargo, como si fueran en verdad criaturas vivientes, se regocijaban con la luz y la recibían y la devolvían con matices aún más maravillosos”.

                                                                 Descripción de los Silmarils, JRR Tolkien

  1. El libro:

Esta obra es una cosmogonía fantástica. Desde la creación del mundo hasta un final que promete un nuevo principio. Recuerda a la Voluspa, el primer poema de la Edda poética, en la cual también se refiere una especie de cosmogonía, pero en este caso, la de la mitología nórdica.

El libro se divide en cinco partes.

  1. Ainuindale: La creación del mundo a través de la música de los Ainur con la dirección de Ilúvatar.
  2. Valaquenta: La historia de los valar y los ainur (dioses mayores y menores)
  3. Quenta silmarillion: El grueso del libro, donde se cuenta la historia de los Días Antiguos y las primeras edades, a través de lo que ocurre con las tres joyas más hermosas que nunca han existido: los silmarils.
  4. Akallabeth: La caída de Númenor, donde se narra el fin de esta civilización.
  5. La tercera edad: Donde se cuenta la historia de anillo único y la parte que, digamos, se narra en el señor de los anillos y el hobbit. Resumido en poco más de veinte páginas.

Y añade un delicioso índice de nombres donde podemos disfrutar de la belleza del vocabulario que crea Tolkien, palabras elegantes y con fonética musical y rica extraídas de un idioma inventado por él mismo.

  1. Impresiones:

Mis impresiones son muy satisfactorias. Su poder evocador es mágico. Con solo leer este libro uno puede visitar la fortaleza escondida de Gondolin, y ver sus blancas torres resplandecer. Ser testigo de la magnificencia de los Dos Árboles de Valinor, que iluminaban el mundo cuando el Sol aun no había nacido. Uno puede, leyendo un poco más, sentir el amor de Beren y Luthien y ser testigo de una historia desgarradoramente hermosa y digna de un mito grecolatino.

Pasando estas páginas puedes conocer a Feanor, que parecía albergar en su interior un fuego secreto y cuyas manos crearon los silmarils. Y verás los silmarils, cómo no, podrás sopesarlos y observarlos a distintas luces. Encontrarás amistad, traición, amor y odio. Y todas esas relaciones humanas y emociones que nos han ido construyendo como civilización en forma de una maravillosa mitología.

Porque Tolkien no solo escribió unos cuantos libros, sino que creó un mundo            hecho con todo el amor y mimo por el detalle, y, además, durante casi toda su vida. El resultado es asombroso. Y muy recomendable.

Él quería una mitología para Inglaterra, pero creó una que puede disfrutar cualquiera.

Para terminar, solo hacer una mención al estilo de la obra. Es una prosa ligera, que, a veces juega con sencillez con la poesía y la inocencia de los antiguos textos de la mitología. Diría que, si el contenido es una delicia, la forma no lo es menos. Este libro, en mi opinión, es para leerlo despacio, deteniéndose en cada recodo del camino, a, simplemente, imaginar

Creo que requiere por parte del lector un ánimo más o menos contemplativo y relajado. Hay que dejarse llevar suavemente y el viaje merecerá la pena. En conclusión un libro muy recomendable para los amantes de la fantasía y la mitología.

 

 

La liebre lunar, de Borges

 

Los chinos, en cambio, hablan de la liebre lunar. El Buddha, en una de sus vidas
anteriores, padeció hambre; para alimentarlo, una liebre se arrojó al fuego. El Buddha,
como recompensa, envió su alma a la Luna. Ahí, bajo una acacia, la liebre tritura en un
mortero mágico las drogas que integran el elixir de la inmortalidad. En el habla popular de
ciertas regiones, esta liebre se llama el doctor, o liebre preciosa, o liebre de jade.
De la liebre común se cree que vive hasta los mil años y que encanece al envejecer.

 

 

Fragmento de El libro de los seres imaginarios, de Jorge Luis Borges

Los animales de los espejos, de Borges

En algún tomo de las Cartas edificantes y curiosas que aparecieron en París durante la primera mitad del siglo XVII, el P. Zallinger, de la Compañía de Jesús, proyectó un examen de las ilusiones y errores del vulgo de Cantón; en un censo preliminar anotó que el Pez era un ser fugitivo y resplandeciente que nadie había tocado, pero que muchos pretendían haber visto en el fondo de los espejos. El P. Zallinger murió en 1736 y el trabajo iniciado por su pluma quedó inconcluso; ciento cincuenta años después, Herbert Allen Giles tomó la tarea interrumpida.

Según Giles, la creencia del Pez es parte de un mito más amplio, que se refiere a la época legendaria del Emperador Amarillo.

En aquel tiempo, el mundo de los espejos y el mundo de los hombres no estaban, como ahora, incomunicados. Eran, además, muy diversos; no coincidían ni los seres ni los colores ni las formas. Ambos reinos, el especular y el humano, vivían en paz; se entraba y se salía por los espejos. Una noche, la gente del espejo invadió la tierra. Su fuerza era grande, pero al cabo de sangrientas batallas las artes mágicas del Emperador Amarillo prevalecieron. Éste rechazó a los invasores, los encarceló en los espejos y les impuso la tarea de repetir, como en una especie de sueño, todos los actos de los hombres. Los privó de su fuerza y de su figura y los redujo a meros reflejos serviles. Un día, sin embargo, sacudirán ese letargo mágico.

El primero que despertará será el Pez. En el fondo del espejo percibiremos una línea muy tenue y el color de esa línea será un color no parecido a ningún otro. Después, irán despertando las otras formas. Gradualmente diferirán de nosotros, gradualmente no nos imitarán. Romperán las barreras de vidrio o de metal y esta vez no serán vencidas. Junto a las criaturas de los espejos combatirán las criaturas del agua.

En el Yunnan no se habla del Pez sino del Tigre del Espejo. Otros entienden que antes de la invasión oiremos desde el fondo de los espejos el rumor de las armas.

                                                       Jorge Luis Borges, El libro de los seres imaginarios.

El Génesis según Pepe

 

 

“Dios no juega a los dados”

                  Albert Einstein.

 

 

En el principio creó Dios los cielos y la tierra.

Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.

Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz.

Pero tras varios chisporroteos la luz volvió a apagarse. Y vio Dios que esto no era bueno.

Por tanto, resolvió llamar a Endesa.

Vio Dios que esto tampoco era bueno cuando le respondió una voz grabada y le hacía repetir los mismos pasos en bucle.

Tras varios años con las obras paradas, después de hacerse miembro de la OCU y montar una plataforma divina en contra de los abusos de las eléctricas; entonces Dios pulsó el interruptor y se hizo, por fin, la luz.

Sacó Dios el periódico y vio que luz alumbraba bien. Sacó Dios el bañador y la toalla, y comprobó que calentaba bien. Por tanto, con gran satisfacción, separó la luz, a la que llamó Día, de la oscuridad, a la que llamó Noche.

Luego dijo Dios: Haya expansión en medio de las aguas, y separe las aguas de las aguas. Y que quede todo perita. Con sus poquitos de acantilados y sus playitas en condiciones.

Y así lo ordenó. Pero Emasa y las depuradoras estaban en huelga. Y había violentos enfrentamientos entre la patronal y los sindicatos mientras Dios observaba impávido.

Ya un poco hasta las narices intentó usar sus omnipoderes, que para algo los tenía, pero la burocracia era demasiado fuerte y resistió firme, los milagros no podían torcer una administración tan férrea.

Así que tuvo Dios que afiliarse a un partido político, subir a la cúspide y presionar durante meses para terminar con la huelga.

Y ya estaba Dios agotado, pero le dio la energía para crear impetuosos mares y tranquilos lagos; y arroyos, cascadas, ríos y playas.

Y se quitó Dios las sandalias y probó el agua, y vio que estaba bien, y, cuando se disponía a descansar, vio que estaba todo revuelto y mezclada la tierra y el agua, todo húmedo y no había donde tumbarse. Así que tuvo Dios que volverse a poner las sandalias y pensar en algo.

Y pensó Dios en separar las aguas de la tierra, y llamarle Tierra a lo seco y Mares al agua.

Y, prevenido, escribió Dios una solicitud formal al sindicato de constructoras, con tono educado y solícito.

No respondieron.

Por tanto, comenzó Dios su titánica obra de separar aguas y tierra. En diez minutos estaba rodeado de una docena de protestones inspectores de obras.

Les dijo Dios que tuvieran cuidadito, que aun estaba por escribirse la parte de Jehová, con sus diluvios y matanzas, y los constructores se quitaron de en medio rápido.

Se tumbó Dios cuan largo era, a descansar. Pero todo estaba muy áspero e incómodo. Faltaba algo. Y Dios cayó en la cuenta.

Así que convocó Dios a la hierba suave y aromática, y la mandó crecer hacia arriba desde la tierra. Pero en ese momento llegó una delegación comercial de Bruselas con claras instrucciones de parar aquello. La UE jamás permitiría que la producción de hierba o cualquier vegetal superara los límites establecidos.

Dios se mesó su espiritual barba; estaba empezando a mosquearse. Sacó a medias su Rayo Destructor del bolsillo de la túnica, pero como su carácter era perfecto se lo pensó mejor y sonrió.

Y tuvo Dios que darles cientos de explicaciones sobre la necesidad vital de crear la Tierra, sobre la importancia del Génesis del hombre y también tres cursos sobre espiritualidad humana.

Los inspectores no se movieron.

Dios sacó el Rayo Destructor y la Guillotina Celestial también, por si acaso.

Y dijo Dios a los allí reunidos: ¿Cuál os gusta más?

Los inspectores de obras se esfumaron dejando tras de sí tan solo una polvareda.

Y Dios tosió y siguió a lo suyo. Hecha la mullida hierba y los árboles y su buena sombrita, Dios se tumbó a descansar un rato, que ya tocaba. Pero, cuando se estaba quedando ya frito, notó Dios un silencio sobrecogedor. No se escuchaba ni un pajarito ni se veía movimiento alguno.

Y Dios se acordó de los animales. Y creó a los alegres gorriones y a los elegantes felinos. Creó al rinoceronte y a la libélula. A la ballena y al mosquito. Y fue Dios creando y creando, y cuando terminó colocó sobre ellos, con su santísima inconsciencia, el yugo del hombre. Y así Dios no tuvo que crear un infierno para los pobres animales porque ya el hombre se encargó de crearlo para ellos en la propia tierra.

Pero esta historia pretende ser divertida, así que obviemos esa parte.

Ya tenía Dios enfilada la cosa, pero quedaba una última tarea, la más importante y la que, en apariencia, daría sentido a todo lo demás: crear al hombre.

Pero Dios estaba ya muy cansado y, la verdad, lo creó sin muchas ganas, si no miento tengo que decir que estaba ya medio dormido.

Y así le salió.

Una chapuza, vaya.

Y ya habiendo Dios terminado todo por fin, se levantó del suelo del salón, donde llevaba horas gateando en círculos, y se dio cuenta de que, al fin y al cabo, no era Dios, sino Pepe Palomares, el butanero. Y que aquello no era la Nada Primordial, sino su piso a medio pagar del barrio de Las Delicias. La foto de boda de la mesita de la tele así lo demostraba.

Y cayó Pepe en la cuenta de que esa gominola que había cogido del mueble de la entrada y se había comido sin pensar quizá no era una gominola normal.

Y fue Pepe a la entrada y vio las llaves de su hijo junto a los restos de la gominola, y se cagó Pepe en la madre que parió al niño, en estas drogas modernas, y en todo de lo que se acordó en ese momento.

Y, finalmente, pensó Pepe que ya hablaría con el niño después y que, ya que estaba con el Génesis, bueno sería seguirlo y echarse un ratito, que es lo que pone después de tanta creación, la cual, aunque imaginaria, también cansa. Así que, tropezando, se dirigió al dormitorio.

Y por tanto, a la séptima hora, Pepe pudo descansar.

 

 

                                                                 FIN

Poder

 

 

Podría ser amado por mujeres de ensueño.

Podría elevarme entre las cumbres del pensamiento.

Podría derretirme ante un puñado de poemas.

Podría sentir el Sol y comprender.

Podría viajar para siempre.

Podría fundirme con la música

Y desaparecer.

Podría soñar con suaves edenes multicolores.

Podría nadar cada noche en un verso de Blake.

Podría mirar las viejas alturas

Y admirar la técnica de Nabokov.

 

Podría morderle a la vida en el cuello.

Desde luego que podría.

Podría vivir cada segundo

Con valor y decisión.

Podría.

Yo, y cualquiera.

 

Y sin embargo prefiero

-Yo, y muchos más.-

(Siento el ronroneo de la amargura)

Contar los viles minutos

Que distan hasta la noche.

 

Y, sobre todo,

Sentir el pálpito y el suspiro

De la oscuridad

En la fría madrugada.

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.

Subir ↑