Penurias y barruntos de un imprudente malaguita.

 

Cuando tomé la decisión algo protestó dentro de mí. Pero lo ignoré, craso error, y seguí mi estúpida lógica. Necesitaba aquel artículo. Así que, cuando vine a darme cuenta, me encontré en calle Larios; rodeado de pintorescos guiris, vendedores de almendras y gitanas berserker intentando empalar a los viandantes con sus ramas de romero.

Valiente mierda, pensé, ni siquiera una figurita exclusiva de Donald Trump vestido de vedette, con movimiento de baile y varias canciones grabadas, merecía pasar este maldito trauma. Pero estaba en el centro, en el centro de Málaga, ya estaba hecho: no iba a irme con las manos vacías.

Tras sortear una barrera de alemanes chancludos fui a dar de frente contra un mimo, con mi agilidad innata lo regateé, pero fui a caer en los brazos de una chica captadora de socios. Ahí ya no sé bien qué ocurrió, creo que mi consciencia se tomó un respiro, solo sé que llegué a la Plaza de la Merced, solté mis recién adquiridas posesiones en un banco e intenté recuperarme.

Revisé lo que me habían endilgado: tres tickets de altas de socios en ONG’s, cuatro cucuruchos de almendras, un globo, dos ramitas de romero que aun latían con extrañas profecías, un panfleto de helados, otro de cerveza a euro y un pequeño helicóptero luminoso que lancé al cielo para probar y cayó en un tejado.

Me puse de pie para estirar la espalda y aliviarme, estaba tenso después de subir aquel cargamento hasta allí.

–Las cosas ya no son como antes. –Dijo una voz.

–Y que lo diga. –Respondí sin volverme. –Anda que…

–Anda que no. –Me interrumpió. –Me crie ahí al lado. Les ganaba las perras a los otros niños desafiándolos a que era capaz de dibujar un animal de un solo trazo.

Entonces me volví.

–Anda, la hostia. –dije sin darme cuenta.

Estaba hablando con la estatua de Picasso. Entonces fui consciente de que el delirio de aquel lugar estaba empezando a filtrarse hasta mi propia mollera. Dejé mis posesiones abandonadas y corrí hacia la sucursal de los Pollitos Alegres, donde vendían mi soñada figurita.

Huelga decir que no llegué jamás. Llevo cuatro años viviendo entre las calles de casco histórico, una vez llegué al borde de calle Carretería, pero empezó la Semana Santa y me barrió hasta el punto de partida. Me alimento de almendras, helado y cerveza. Duermo en camas hechas con romero, me tapo con panfletos y mis almohadas son algodón de azúcar.

No sé qué será de mí. Ya no me queda un duro, si puedo remontar hasta calle Larios de nuevo creo que me haré mimo. Por eso quería advertir con esta carta, se lo he puesto en el pico a una paloma, espero que llegue a conocimiento del extra radio de la ciudad. Si vienen al centro háganlo por su cuenta y riesgo, es un lugar de tremenda gravedad y magnetismo. Puede ser el último lugar que visiten. Si deciden arriesgarse al menos despídanse de sus seres queridos y no olviden hacer testamento. A veces no se sale. Créanme. No sé si seré capaz de sobrevivir a las próximas rebajas.

Vuela, palomita, vuela. Si puedes salvar a algún incauto de acercarse a este agujero negro habrá valido la pena este último esfuerzo. Oh, ya están encendiendo las luces de Navidad, me queda poco tiempo. Rápido, coge vuelo, a ver si al menos llegas al Perchel.

 

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Mito de la creación en la cultura maorí

 

 

De la concepción el incremento,
Del incremento el pensamiento,
Del pensamiento el recuerdo,
Del recuerdo la conciencia,
De la conciencia el deseo.
El mundo se volvió fructífero;
Se llenó de delicados brillos;
Engendró una noche:
La gran noche, la larga noche.
La noche más baja, la noche más alta,
La noche más espesa, para sentirla,
La noche para ser tocada,
La noche para no ser vista,
La noche que termina en muerte.
De la nada la concepción,
De la nada el incremento.
De la nada la abundancia,
La capacidad de aumentar,
El aliento vivo
Residió en el espacio vado y produjo
la atmósfera que está sobre nosotros.
La atmósfera que flota por encima de la tierra,
El gran firmamento sobre nosotros,
residió en el primer albor,
Y la luna surgió;
La atmósfera por encima de nosotros
residió en el firmamento resplandeciente,
Y entonces siguió el sol;
La luna y el sol fueron lanzados arriba,
como los principales ojos del cielo:
Entonces los Cielos se alumbraron;
el temprano amanecer, el temprano día,
El mediodía: el relámpago de día que cruza el cielo.
Y el cielo arriba estaba con Hawaiki
y produjo la tierra.

(Nota de la obra) Reverendo Richard Taylor, Te Ika a Maui, or New Zealand and its Inhabitants (Londres, 1855)

Extraído de la obra “El héroe de las mil caras” de Joseph Campbell

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