Aquel cielo

Los pechos de ambos se agitaron como volcanes a punto de entrar en erupción. Sintieron como un viento interior los arrastraba entre emociones solo atisbadas en sueños. Sus cuerpos palpitaban al unísono y sus conciencias volaban en un cielo cuyo aire compartían. Aquel cielo, nacido entre ellos, fue lo único que existió.

Y aunque no entendieran nada, el mundo entero cobró sentido.

Despegaron sus labios inexpertos y los dos adolescentes se miraron, asombrados.

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Paraíso oculto

Paraíso oculto.

Los caprichos de la noche me llevaron a aquella cueva helada. Avancé entre la oscuridad y los crujidos del hielo. El túnel seguía de forma aparentemente infinita, serpenteando y bajando en dirección al mismo corazón de la tierra.

Mis pasos eran cada vez más lentos y mi mirada más corta. Ya arrastraba los pies y estaba a punto de detenerme cuando sentí que la negrura perdía un poco de intensidad. Pero lo que dio energía a mi cuerpo fue el calorcillo que sentí bailar en mis mejillas.

Y el negro impenetrable dejó paso a un gris oscuro, y éste a una penumbra en la que se distinguían las formas. El calor de la vida podía sentirse acercándose. Contento, caminé con ánimos renovados. Hasta que al doblar un recodo el cielo apareció ante mí.

No sé cómo podía colarse la luz del sol en semejante profundidad, pero así era. Una fuente de aguas termales bullía rodeada de vegetación. Levanté la vista y observé como se extendía ante mí una enorme galería donde la vida sonreía.

Había peces e insectos en el agua, incluso escuché cantar pajarillos. Asombrado tiré mi abrigo cubierto de nieve que se fundía y bebí de un manantial. Recogí unas bayas y fui comiéndolas mientras examinaba aquel paraíso natural.

Exhausto, me tumbé sobre unas tiernas hierbecillas. Vi aparecer un pequeño zorro entre los árboles que ahora abarcaba mi mirada. “Hasta donde llegará este lugar” pensé “Acaso es el cielo y no el infierno el que espera bajo la tierra”. Y me sumergí en la inconsciencia.

 Abrí los ojos. A través de la sucia ventana los diferentes grises de la ciudad se mezclaban con la enfermiza luz del sol. Suspiré tembloroso y sentí que el sueño era aquél y no lo que había vivido antes. ¿Quién podría probar lo contrario? Miré el horizonte, una línea de suciedad entre la polución, y sonreí.

El nombre de todos los nombres.

 

 

 

El ente fue consciente de que, por algún motivo, no podía morir. Su esencia era comprender y su sed el conocimiento. Aprovechando los flujos y ondas se desplazó, asimilando información y descubriendo deliciosas novedades.

El ser no podía olvidar y su montaña de conocimientos llegó a ser monstruosa. Enfrentado a una sed infinita en un tiempo igualmente infinito pero en universo con información limitada, el ser sufrió un colapso.

Entonces por primera vez en eones, tuvo necesidad de una identidad y de un nombre. Y se nombró y se individualizó, apartándose del resto de las cosas, y convirtiéndose, por primera vez, en un ser independiente de su entorno.

No obstante, su sed de conocimiento no disminuía y su maniobra solo le sirvió para retrasar lo inevitable: el hastío eterno. Al cual, merced a un tiempo infinito, llegó finalmente. Entonces el ente tomó una segunda decisión.

Eligió la inconsciencia y el sueño. Pensando que quizá información nueva llegaría a su entorno, el ente durmió eones y eones, hasta que su sed de conocimiento le despertó y, vivificado, no pudo sino sentir horror ante la Nada.

Porque nada había ya, las condiciones que le rodeaban eran el frío, la oscuridad y el vacío. Por ello el ser tomó su última decisión: olvidar. Al ser su propia naturaleza información el olvido era su equivalente a la muerte.

Así que se vació, se vació sobre la nada. Y su información acumulada desde tiempos inimaginables se convirtió en un minúsculo punto, de tal densidad, que, enfrentada a la nada, no pudo sino expandirse de forma increíble.

Y en el vacío surgieron leyes, y en las leyes materia obediente a ellas, y la materia creó innumerables formas, y la luz se expandió, dando vida y calor a un nuevo Universo.

Pero el ser no podía morir. Simplemente volvió a su estado más básico, más elemental. Y quedó disperso y dormido dentro de su propia creación como una semilla invisible. Latente.

Quizá descansando, debilitado definitivamente; quizá esperando conducir el siguiente ciclo. Ni él mismo lo sabía.

Sólo retuvo una cosa cuando olvidó lo demás: su nombre. Y sobre él sueña aun.

Su nombre era Dios.

 

 

 

 

Consejos para temponautas

 

 

 

Instrucciones para viajar en el tiempo:

Paso 1: Cierre los ojos y concéntrese.

Paso 2: Sonría

Paso 3: Para ir al pasado recuerde, para viajar al futuro imagine.

 

Instrucciones para volver al presente:

Paso 1: Abra los ojos y enfoque la vista.

Paso 2: Sea amable, de su presente depende su futuro.

 

Si no queda satisfecho, le devolveremos el tiempo perdido en una cajita que podrá usar a su gusto.

 

 

 

 

¡Crac!

 

 

 

El Sol entraba por la ventana, dando luz y calor a nuestros cuerpos que estaban muy cerca, ella se mostraba impaciente.

-La primera vez que vi tu rostro me perdí en tus hermosos ojos, y en su dulce profundidad descubrí que eres tú la que contiene al mundo y no al revés. Eres la flor del día, la alegría de la naturaleza y te amo como jamás nadie amo antes ni amará después. ¿Me estás escuchando? ¿Amor?

-¿Me vas a tener aquí toda la mañana o vas a firmar ya el divorcio? Venga, lenguasuave, que se acaban las barras de pan integrales del Mercadona.

Despistes divinos

-Escúcheme, por favor. Venía yo con la bici, rapidito para no llegar tarde y entonces ocurrió. Debió de despistarse Dios o algo pero la realidad se desvaneció. Venía por la calle esa y de pronto me encontraba en el espacio profundo, con unos seres de otra dimensión revoloteando sobre mí. Pasé mucho miedo. Tenían una pinta así entre pulpo y transistor y alitas con las que volaban. Me tiraban de la mochila, se lo juro.

“Ahí Dios debió despertarse porque aparecí en la puerta del colegio una hora después. En serio, fue muy paranormal.

-¿Y por eso has llegado tarde al examen de recuperación?

-Sí. Y los seres me robaron los ejercicios de física y química.

-Estás suspenso, Bernardito. Pero sé positivo; le voy a decir a tu tutora que te suba un punto en literatura. Por creativo. Tenías un uno, ahora tienes un dos. Anda ¿eh?

VR

Cuando parecía que todo estaba perdido su compañero salió de la nada y le dio la mano, la explosión de una granada lo había hecho casi caer por el desfiladero. Juntos subieron la estrecha pendiente que llegaba a la cresta de la montaña, donde estaba el objetivo de su misión. Entonces su amigo dijo algo: “¿Por qué no cambiamos de juego?” Asentí con mi avatar y pusimos otro. Estaba harto de tiros y cargas de artillería.

En aquella remota isla de fantasía éramos únicos por nuestro poder, éramos su única esperanza contra sus enemigos, esa misma noche nos ofrecieron un encuentro en…

La pantalla quedó en negro y el módem quedó sin una sola luz encendida. No se escuchaba ni oía nada. “¿Hola?” Dije. Y allí, en la silenciosa oscuridad del apagón, empecé a sentir como el miedo iba creciendo en mi interior.

 

 

La Piedra

La piedra.

 

“¿Qué opinas de esa piedra?” “La verdad, no le veo mucha utilidad”. “¿Y si intentamos hacer algo con ella?” “¿Por ejemplo?” “No sé, podemos mejorarla un poco, podemos hacerla útil.” “¿Hacer que valga la pena, esa piedra, lo dices en serio?” “¿Por qué no?” “Créeme, poco se puede hacer con ella”. “Hablaré con el supervisor”. “Imposible, está destinado en Betelgeuse, las comunicaciones fallan”. “Bueno, mira, si quieres bórrala”. “¿No decías de mejorarla?” “He cambiado de opinión, no creo que vaya a llegar a nada”. “Me sorprendes”. “Venga, comienza el proceso, nos esperan” “¿Estás seguro?” “Claro, solo es una piedra” “Bueno, tú sabrás, yo me lavo las manos”

Y así fue como el planeta Tierra implosionó hasta tener el tamaño de una lenteja, la cual fue borrada del universo de forma higiénica y definitiva.

FIN

 

 

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