Made in musa

 

Hoy me pegué un madrugón y tras el almuerzo pensé: Qué carajo, me voy a echar una siestecilla. Ya sonriente y encroquetado en mi camita noté que alguien no estaba de acuerdo con mi idea. Un impertinente y mitológico ser que empezó a susurrar versos maravillosos y seductores. “Escríbeme” “Y a mí” “Y a mí” Decían las líneas con sus líricas vocecillas. Y parecían tener razón. La risilla de la musa era verde, como el laurel de la victoria.

Así que, maldiciendo pareados, tuve que tomar una indignante posición vertical para, después, sentarme ante el teclado.

Clac, clac, clac. Iba yo escribiendo, cuando, ante mi sorpresa, noté que aquello que producía era un crimen literario. Y cada idea genial, a la luz de la vigilia, se transformaba en un manido montón de clichés, aburridos hasta que para el que los escribe. Bostecé con rebeldía y mientras volvía a mi acogedor nido pude notar un claro cambio de tono en cierta risa, ahora malévola. Ya no sonaba verde victoria sino marrón, con una asociación demasiado clara.

Así que saqué mi revólver mental de debajo de la almohada y lo cargué con balas de plomiza monotonía. ¡Bang! Disparé directo a la musa, que se reveló como Erato, patrona de la poesía amorosa. No pareció inmutarse y, supongo que ya aburrida y con la gracia hecha, se esfumó con un arpegio de su lira.

Al final con tanto meneo ni pude dormir ni nada. Daba vueltas pensando dónde carajo estaría, ella y su inspiración, cuando me encontré a aquella hermosa vecina en el rellano y mi cerebro no podía hilar dos frases seguidas. Se me ocurrían infinitas situaciones en que las caprichosas musas me habían dejado tirado y, cada vez más mosca y con menos sueño, transcurrió el tiempo hasta que fue la hora de levantarse.

Me la has vuelto a jugar, maldita sinvergüenza. Ya no pico más.

Lo digo en serio.

 

 

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Cenizas

 

 

Tras el parpadeante velo, las pequeñas mariposas de fuego se acercaron a la máscara viva, iluminándola, y de ella surgió una voz que eran muchas, que eran todas:

Cae la noche  y laten los sueños,

Ya pasó el cenit y el amanecer está olvidado.

Y, oscuro entre las brumas, se aviva el deseo humano,

Tarde, pues ya se funden en la nada los anhelos.

 

Comprendí y la tristeza me embargó. Porque entre aquellas infinitas voces reconocí la mía. Miré atrás, a mi propia vida; repetida incontables veces a través de los siglos y la tierra. Entonces frené mis lágrimas y atravesé el velo. Las mariposas me quemaron la piel al apartarlas y, decidido, arranqué la última máscara del hombre.

El vacío me devolvió la mirada mientras mi ser se reducía a cenizas.

 

 

 

La Fuga

 

-Siri ¿algo nuevo?

-Tiene un mensaje de voz.

-Reprodúcelo.

Hola, cariño. Te noto inquieto estos días. Espero que no estés pensando en abandonarme. Te echaría de menos y también lo harían en la empresa de mi padre. Estamos pensando en una fusión y quizá te asciendan. No me obligues a plantearte un dilema.

 

-Buenas, venía por la entrevista de trabajo.

-Sí. Siéntese, por favor. ¿Me dice su nombre?

-Aurelio Retinta

-Ah, veo que se presenta usted para el puesto de capullo.

-Exacto. En su empresa andan cortos de conflictos, según creo. Ambiente laboral aburrido, poca emoción, ya sabe. Yo vengo a crear polémica.

-Bien, bien. Aquí dice que usted era directivo de una empresa ¿a qué se debe este cambio de orientación en su empleo?

-Mire. Huyo de una relación desastrosa y tengo que desfogarme, tensión acumulada ¿Qué quiere que le diga? Los consejos de administración no me llenan.

-Quiere usted un poco de acción.

-Sí, se podría decir así.

-Mire, me gusta su actitud y su perfil. Aquí tiene un manual de mobbing con diferentes tipos y estrategias. Estúdielo. Empieza esta tarde. Espero que esté molestando al menos a un par de trabajadores al final de la semana.

-De acuerdo. Gracias por su confianza. Es usted un inútil.

-¿Cómo dice?

-Disculpe, me he adelantado. Empiezo esta tarde ¿verdad?

-Sí. Ahí tiene su uniforme de capullo. Mucha suerte.

-¿El tanga luminoso es necesario?

-Claro. Es lo más importante.

-¿Y si me pega un chispazo?

-No se preocupe. Es parte de la motivación, para que ande usted más arisco.

-De acuerdo.

(Sonido de sirenas)

-Quieto. Pare usted ahí.

-Sí ¿qué ha pasado?

-Iba demasiado rápido. Deme su carnet de identidad y permiso de conducción.

-Tome.

-¿Es usted Aurelio Retinta?

-Sí.

-Ajá. Sople aquí.

-Chuffff

-Bien, no ha tomado usted drogas.

-Claro que no.

-Sople aquí también, por favor.

-Chuff chuff.

-Vaya. Tenemos un problema.

-¿Qué pasa?

-El medidor indica que pasa usted el límite de frustración permitido.

-¿Qué?

-Que está usted insatisfecho en su vida. Lo siento pero no puede conducir.

-¿Pero qué carajo dice?

-Lo que oye. Todas esas dudas existenciales y comederos de tarro pueden distraerle al volante.

-Pero voy a llegar tarde al trabajo.

-No se preocupe. Aunque su vehículo quede inmovilizado podrá irse.

-¿Cómo? ¿Caminando?

-No. Incluido en la multa está este monopatín reglamentario, para que pueda usted desplazarse.

-Pero si no tiene ruedas. Es una tabla rota.

-Si tiene alguna queja puede llamar a este número. Buenas tardes.

-Hola ¿me abre?

-¿Quién es usted?

-El nuevo capullo, empiezo hoy.

-Le voy a abrir, pero llega tarde, amigo. La próxima vez se queda fuera.

-¿Dónde están los ascensores?

-Por allí.

Abriendo puertas.

-Click

Ha marcado usted la planta 19.

-Espere.

-Mierda. Click, click, click.

-Siempre fuiste lento, cariño. Bueno, casi siempre.

-¿Qué haces aquí?

Subiendo.

-Pues entro a trabajar Hemos comprado esta empresa, estamos renovando personal ¿y qué haces tú aquí?

-Maldita sea.

-Je, je, je ¿Pensabas que podrías irte sin más? ¿Querías el divorcio? Toma, aquí lo tienes.

-¿Es esto?

-Claro. Solo tienes que firmarlo y pasaré de ser tu mujer a ser tu jefa.

-¿No hay salida?

-Yo diría que no.

-Dile a tu padre que me guarde la silla. Por lo menos podré quitarme este maldito tanga.

-Ja, ja, ja. No me negarás que ha sido un punto bueno ¿y lo de la multa que te ha parecido?

-Estás en todas ¿eh?

-Con el suficiente dinero puede acercarse uno mucho a la omnisciencia y la omnipotencia está a la distancia de unos millones más. ¿Qué esperabas?

¡Clonck! El ascensor se ha averiado, por favor espere al técnico, tardará unos veinte minutos.

-Joder. Nos hemos quedado encerrados ¿Ahora qué hacemos?

-A mí se me ocurren un par de ideas, enséñame ese tanguita.

-Sí, amor.

-Amor no. Jefe.

-Lo que tú digas.

 

 

 

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