Los jardines oscuros

Nosotros, que filtramos la áspera arena del desierto,

No podemos imaginar los manantiales azules.

Nosotros, que solo sentimos el calor seco del sol

No podemos ni soñar con el calor húmedo del amor.

No un calor que golpea, aplasta y hunde,

Sino uno que se mezcla, que aporta visiones y esperanzas.

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Somos traficantes de esterilidad en las tierras baldías.

¿Cómo podemos soñar con la risa de las aguas?

¿Y cómo saber que existe la belleza, la mujer y la sonrisa?

A nuestra débil sombra se arremolinan los insectos.

Ni siquiera sospechamos que existe la frescura,

O la ternura que fluye de un corazón generoso.

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Caminamos, sin dejar huella, sobre espejos de obsidiana.

Reflejamos, dejando una herida abierta, la llama del odio.

Es la noche quien habita los rescoldos de nuestro espíritu.

Pero al otro lado se mueven risueñas las suaves nubes,

Las muchachas bailan y ríen en el dulce manantial.

Y saberlo es un bálsamo y una tortura.

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Son el bien y el mal,

Y cada uno sostiene al otro.

Por cada araña que mata,

Vuela una mariposa.

Por cada lágrima que cae,

Se eleva ligera una sonrisa.

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Porque la oscuridad se amamanta en la luz

Y de la sombra bebe todo lo que brilla.

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Por ello el sufrimiento no es estéril,

el dolor es el más caro abono,

Y nada puede tener más sentido.

Porque produce los jardines de ensueño,

Dibuja la belleza más pura

Y ensancha los humanos horizontes.

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Foto de Cee en Unsplash

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