La pregunta

 

 

Errando entre las densas brumas y los caprichosos torbellinos de la mente

La Pregunta, como un titánico badajo, golpeaba sin tregua mi frágil alma,

Haciendo saltar pedazos de espíritu cristalino y también todos mis anhelos,

Hasta convertirme en un monstruoso vacío que con cada latido se reducía.

Y siendo ya igual a nada, mi pregunta se respondió a sí misma, estallando

En infinitos principios, infinitos amaneceres e infinitos anhelos…

 

 

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Despistes divinos

-Escúcheme, por favor. Venía yo con la bici, rapidito para no llegar tarde y entonces ocurrió. Debió de despistarse Dios o algo pero la realidad se desvaneció. Venía por la calle esa y de pronto me encontraba en el espacio profundo, con unos seres de otra dimensión revoloteando sobre mí. Pasé mucho miedo. Tenían una pinta así entre pulpo y transistor y alitas con las que volaban. Me tiraban de la mochila, se lo juro.

“Ahí Dios debió despertarse porque aparecí en la puerta del colegio una hora después. En serio, fue muy paranormal.

-¿Y por eso has llegado tarde al examen de recuperación?

-Sí. Y los seres me robaron los ejercicios de física y química.

-Estás suspenso, Bernardito. Pero sé positivo; le voy a decir a tu tutora que te suba un punto en literatura. Por creativo. Tenías un uno, ahora tienes un dos. Anda ¿eh?

VR

Cuando parecía que todo estaba perdido su compañero salió de la nada y le dio la mano, la explosión de una granada lo había hecho casi caer por el desfiladero. Juntos subieron la estrecha pendiente que llegaba a la cresta de la montaña, donde estaba el objetivo de su misión. Entonces su amigo dijo algo: “¿Por qué no cambiamos de juego?” Asentí con mi avatar y pusimos otro. Estaba harto de tiros y cargas de artillería.

En aquella remota isla de fantasía éramos únicos por nuestro poder, éramos su única esperanza contra sus enemigos, esa misma noche nos ofrecieron un encuentro en…

La pantalla quedó en negro y el módem quedó sin una sola luz encendida. No se escuchaba ni oía nada. “¿Hola?” Dije. Y allí, en la silenciosa oscuridad del apagón, empecé a sentir como el miedo iba creciendo en mi interior.

 

 

La Piedra

La piedra.

 

“¿Qué opinas de esa piedra?” “La verdad, no le veo mucha utilidad”. “¿Y si intentamos hacer algo con ella?” “¿Por ejemplo?” “No sé, podemos mejorarla un poco, podemos hacerla útil.” “¿Hacer que valga la pena, esa piedra, lo dices en serio?” “¿Por qué no?” “Créeme, poco se puede hacer con ella”. “Hablaré con el supervisor”. “Imposible, está destinado en Betelgeuse, las comunicaciones fallan”. “Bueno, mira, si quieres bórrala”. “¿No decías de mejorarla?” “He cambiado de opinión, no creo que vaya a llegar a nada”. “Me sorprendes”. “Venga, comienza el proceso, nos esperan” “¿Estás seguro?” “Claro, solo es una piedra” “Bueno, tú sabrás, yo me lavo las manos”

Y así fue como el planeta Tierra implosionó hasta tener el tamaño de una lenteja, la cual fue borrada del universo de forma higiénica y definitiva.

FIN

 

 

A mi abuela.

 

La tormenta ha terminado.

Tu alma se eleva

Hacia la primavera eterna.

Juntos aún, más allá de la vida,

Quien te ama te espera.

 

Mira, ya amanece.

Nace el día sin atardecer,

Crecen felicidad y poesía

Por doquier.

 

Abraza el esperado reencuentro

Con tu amor y con tu hijo

Entrégate, como siempre, de lleno.

 

Como hiciste en vida,

Sigue, generosa y pura,

La estrella querida.

 

Vivirás allí

Pero también aquí

En nuestro aliento

Y en nuestros corazones.

 

 

 

jueves, 28 de julio de 2016

 

 

Rotaciones

 

-“Y el porro no se consumía”…

-¿Qué dices?

-Así acaba el versículo.

-¿Y por qué no se consumía?

-Porque Dios le mandaba así una señal al hombre. ¿Has estado escuchando?

-Claro, claro.

-Paso de leerte más el libro sagrado.

-Como quieras

– Por cierto ya mismo rotas ¿no?

-Sí, joder. Con lo bien que estaba regando fuentes de carbohidratos, era coser y cantar, nos pasábamos los días en el bar.

-A mí me ha tocado también rotar. Hace una semana que estoy trabajando en la Red, diseños y cosas así.

-¿Y qué tal?

-Bien, supongo. Es mi primer trabajo creativo, así que tienen paciencia conmigo.

– Por cierto, quería contártelo. Ayer me encontré tirado un libro de mi hijo, de historia antigua. Vaya cosas. ¿Sabes que antes la gente siempre trabajaba en lo mismo toda su vida? Era lo normal.

-¿Cómo puede ser? ¿Antes de la madurez, cuando ya elegían profesión definitiva?

-Elegían profesión definitiva siendo casi niños.

-¿Qué dices?

-Era así, al menos eso dice el libro.

-¿Y qué más decía?

-Muchas barbaridades

-El mundo antiguo era un lugar realmente extraño.

-Sí que lo era.

-Bueno, dale al impulsor. Llegamos tarde.

-Venga por el camino te explicaré lo que eran las guerras.

-¿Guerras? Jamás lo había oído.

-No te lo vas a creer, eran como una especie de… Bueno y cuando te cuente lo del terrorismo ya no veas.

-¿Y eso qué es? ¿Algo relacionado con las pelis de terror?

-Antes el terror no solo estaba en las películas, estaba en la realidad. Podía surgir en cualquier lugar, en cualquier momento.

-Me estás dando miedo. ¡Santo Marley! Debieron ser tiempos muy jodidos.

-Realmente lo fueron, de eso puedes estar seguro.

-Venga dale ya al impulsor y vamos.

-De acuerdo.

El asteroide artificial salió disparado, serpenteando entre las naves y estaciones espaciales que rodeaban la Tierra, en dirección la Luna, una de las muchas colonias de esta humanidad nueva. Perdiéndose así la conversación entre millones de otras conversaciones, en una etapa en la que el hombre empezaba a expandirse hacia las estrellas. 

 

Espejo del futuro tiempo

 

 

Mira también los siglos infinitos

Que han precedido a nuestro nacimiento

Y nada son para la vida nuestra.

Naturaleza en ellos nos ofrece

Como un espejo del futuro tiempo.

Por último, después de nuestra muerte,

¿Hay algo aquí de horrible y enfadoso?

¿No es más seguro que un profundo sueño?

 

 

Lucrecio, “De Rerum Natura”

 

Pólvora y asesinos

 

Aquel día amaneció despejado, como si el cielo quisiera ver lo que iba a ocurrir. Yo, como todos los días, ya estaba desayunando, preparándome para una dura jornada de trabajo en la granja; el patrón me recogería en una hora y aún tenía que preparar la leña para esa noche. El día transcurría como siempre, el poblado se desperezaba poco a poco y todo parecía normal hasta que empezamos a escuchar un rumor de un lejano galopar de caballos, parecían muchos.

Salí al porche, mi mujer estaba recogiendo la ropa tendida y los dos nos quedamos mirando el camino, donde, de una creciente nube de polvo que se acercaba, salió un jinete solitario que gritaba, entonces me di cuenta que era el hijo mayor de nuestros vecinos.

Apenas le dio tiempo a decir un nombre cuando se oyó un disparo y cayó del caballo.

¡Carson! El famoso bandido del medio Oeste. Disfrutaba asolando aldeas, aparte de robar bancos, secuestrar gente, dinamitar trenes y un largo etcétera. Enseguida me decidí, agarré a mi mujer por el brazo y con el otro cogí el revólver de mi padre. Hace unos años, debido a la inseguridad de estas colonias, construí un refugio subterráneo, y parecía que había llegado el momento de usarlo. Abrí la trampilla y entramos, gracias a un pequeño mecanismo de espejos podía ver la entrada de mi casa, así que contuvimos la respiración y observamos.

Algunos vecinos que estaban aún intentando entrar en sus casas fueron abatidos, otros pudieron escapar, mi mujer y yo mirábamos aterrados. Carson Manofría venía acompañado de unos doce o quince pistoleros, pero nuestra sorpresa fue grande cuando vimos que junto al cuartel del sheriff estaban apostados otros tantos defensores. Miembros del ejército, el sheriff y sus dos ayudantes e incluso un hombre con un uniforme de Marshall. Los estaban esperando.

Entonces comprendí que habían elegido nuestro pueblo para tenderles una trampa a Carson y sus hombres. Y poco les importaba que hubiera heridos civiles.

Cuando vieron las fuerzas que se les enfrentaban las risas cesaron y hubo duda en los ojos y ademanes de los bandidos, pero cuando decidieron irse ya era tarde. La dinamita siseó desde los tejados y tiradores con rifle aparecieron de la nada. Las explosiones y disparos acabaron con la mayoría. Pero Carson aún vivía, se sujetaba el vientre en el suelo con su famosa pistola tirada a su lado.

Entonces vimos como el Marshall y los miembros del ejército se acercaban lentamente, y del camino aparecía un tipo que parecía otro miembro de la banda. Carson escupió sangre e intentó coger su arma que el Marshall apartó de una patada. El recién llegado se acercó al famoso forajido con una mezcla de respeto, lástima y repulsión. “Lo siento Carson” dijo. “Envié el telegrama en Aspen, no tenía otra salida.” Carson intentó decir algo pero antes de que lo hiciera el Marshall le disparó en el pecho, después levantó su humeante revólver y apuntó al miembro de la banda que lo había traicionado. “No puedo arriesgarme contigo” Dijo, y apretó el gatillo.

Aun escucho la historia de cómo Carson Manofría acabó con más de diez soldados y un Marshall él solo el día que lo mataron. Cuentan historias, dicen que al final se voló la cabeza para que no lo cogieran vivo. Incluso que entró al cuartel de la guardia con el cuerpo rodeado de dinamita, en fin. Yo simplemente sonrío y guardo silencio, las historias que la gente disfruta suelen parecerse poco a la realidad. Y no quiero chafarles la ilusión.

Al final mi mujer y yo fuimos a Inglaterra, lejos de esta tierra salvaje de pólvora y asesinos.

Al ron

 

 

Ardiendo en puro escándalo,

Bailando sobre mi propia alma,

Deleitado en mi particular sándalo:

El ron corsario del alba.

 

Así amanecí alguna que otra vez,

De este modo tan torero,

Por el ron y por eso

Escribiré al etílico placer.

 

Esta vieja bebida filibustera

Cicatrizó muchas heridas,

Durmió muchas penas,

Ofreció alguna salida

Y hubo motines en su ausencia.

 

De este mágico elixir

No mucho he leído.

Comparto los placeres del vino

Pero únanse hoy a mí,

Descansemos de la uva y de la vid

 

Y cantemos por el ron enmudecido,

Por su gran gloria y buen ardid:

Pocos le cantaron a él

Pero bebieron hasta morir.

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