Vietnam, de Wislawa Szymborska

 

 

Mujer, ¿cómo te llamas? —No sé.

¿Cuándo naciste, de dónde eres? —No sé.

¿Por qué cavaste esta madriguera? —No sé.

¿Desde cuándo te escondes? —No sé.

¿Por qué me mordiste el dedo cordial? —No sé.

¿Sabes que no te vamos a hacer nada? —No sé.

¿A favor de quién estás? —No sé.

Estamos en guerra, tienes que elegir. —No sé.

¿Existe todavía tu aldea? —No sé.

¿Estos son tus hijos? —Sí.

 

 

Wislawa Szymborska

 

 

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El metarrelato asesino

 

–Oye, Randy.

–¿Sí? ¿Qué te pasa Ted?

–¿Sabes de qué va el relato?

–Ni puta idea. A ver qué se le ocurre al idiota este.

–Espero que se sienta gracioso y que no escriba alguna mierda poética de esas.

–Ojalá. Por cierto, mira ahí. ¿Ves eso? Ha aparecido un camino.

–¿Qué hacemos, lo seguimos?

–Venga, vamos. Tampoco vamos a estar aquí toda la tarde.

Y así, Randy y Ted, los inseparables amigos que se acababan de conocer, se decidieron de una vez a seguir la línea argumental.

–Eh, Ted. Mira, tío. Hemos llegado a una mansión.

–Anda, espero que esté llena de comida y mujeres. Aunque, conociendo al perla este, lo dudo.

Randy tropezó y casi se dobla un tobillo.

–Que te den. –Dijo el personaje con testarudez.

Una bandada de cuervos atacó a Randy, picoteándolo sin piedad.

–Me pondré en contacto con el sindicato de personajes de ficción ¡Te lo aseguro!

Una lluvia de excrementos de pájaro llovió sobre él mientras su amigo, Ted, flipaba en colores y, entonces, una nota cayó del cielo. Randy la cogió y leyó en voz alta.

Cíñete al guion y haz bien tu papel

O te liquido en la próxima línea.

El narrador.

A continuación, la nota se convirtió en un cuervo que se cagó sobre él y huyó graznando.

–Ya lo sabes. –Dijo Ted. –Aquí tenemos las de perder.

–Bueno, vamos a la mansión. A ver si puedo pegarme una ducha al menos.

Ya en la mansión, nuestros protagonistas descubrieron un misterio que les puso los pelos de punta.

–Oye, –dijo Ted– no sería mejor, digo yo, que entráramos y pareciera que todo va bien y luego ya se revela el misterio y eso. ¿Eh?

Un elocuente silencio envolvió al relato.

–¿No te gusta la idea? Bueno, tú mismo.

Randy, que salía de la ducha, en ese momento…

–Me estoy duchando todavía.

Quiero decir, mientras Randy estaba en el baño, la noche se cerró sobre ellos.

–Enciende la luz, Ted.

Entonces, una potente voz en off dijo lo siguiente:

Estoy hasta las pelotas de vosotros

Ser un personaje de ficción no es tan difícil, joder

Hala, a la mierda.

Y, por inesperados fallos en la estructura, la mansión se derrumbó, acabando con Ted y Randy, de los que nadie se acordó mucho, y sí, también enterrando junto a ellos mi futuro como escritor.

 

FIN

 

El tipo se levantó de la silla, desilusionado. Toda la tarde escribiendo para conseguir aplanarse el culo, porque lo que es rascar arte como que no. Se hizo un cigarrillo y reflexionó amargamente sobre las injusticias de la vida y la crueldad del destino. Mientras fumaba pegaron a la puerta y el pobre estaba tan perdido en sus pensamientos que abrió sin darse cuenta.

El cigarrillo se le cayó de la boca.

Ted y Randy lo miraban con una sonrisa lobuna, tenían arañazos y la ropa destrozada, exactamente como si acabaran de salir escarbando de debajo de varias toneladas de escombros.

–Hola, colega. Venimos a montar un taller literario. –Dijo Randy mientras se golpeaba la palma de la mano con un bate de beisbol.

–Sí tío. –Corroboró Ted y empezó a juguetear con una navaja de mariposa. –Tenemos que afilar nuestro estilo ¿entiendes? Ser más incisivos. No sé si lo pillas.

 

 

AHORA SÍ,

FIN

 

 

 

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