El Juego

En los sillones marchitos, cortesanas viejas,
Pálidas, las cejas pintadas, la mirada zalamera y fatal,
Coqueteando y haciendo de sus magras orejas
Caer un tintineo de piedra y de metal;

Alrededor de verdes tapetes, rostros sin labio,
Labios pálidos, mandíbulas desdentadas,
Y dedos convulsionados por una infernal fiebre,
Hurgando el bolsillo o el seno palpitante;

Bajo sucios cielorrasos una fila de pálidas arañas
Y enormes quinqués proyectando sus fulgores
Sobre frentes tenebrosas de poetas ilustres
Que acuden a derrochar sus sangrientos sudores;

He aquí el negro cuadro que en un sueño nocturno
Vi desarrollarse bajo mi mirada perspicaz.
Yo mismo, en un rincón del antro taciturno,
Me vi apoyado, frío, mudo, ansioso,

Envidiando de esas gentes la pasión tenaz,
De aquellas viejas rameras la fúnebre alegría,
¡Y todos gallardamente ante mí traficando,
El uno con su viejo honor, la otra con su belleza!

¡Y mi corazón se horrorizó contemplando a tanto infeliz
Acudiendo con fervor hacia el abismo abierto,
Y que, ebrio de sangre, preferiría en suma
El dolor a la muerte y el infierno a la nada!

Charles Baudelaire

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Fuego y sombra

 

“La emoción más antigua y más intensa de la humanidad es el miedo, y el más antiguo y más intenso de los miedos es el miedo a lo desconocido.”

H. P. Lovecraft

La figura encapuchada se acercó al fuego, su sombra temblaba sobre los rostros de los demás acólitos, rostros de contención y miedo. El techo de la bóveda se perdía en la oscuridad, así como también las paredes. Tan solo un fuego furioso en el centro de la oscuridad revelaba una decena de figuras con túnicas oscuras.

A una señal invisible todos empezaron a murmurar en voz baja, en el mismo tono monótono, palabras incomprensibles que sonaban como el lenguaje del infierno. Mientras aumentaban el volumen de los murmullos adoptaron una nueva formación en torno al fuego, el cual comenzó a crecer y chisporrotear con más furia aún, lenguas de llamas se elevaban como latigazos hacia arriba. Debido a la creciente luz se hizo visible el techo de la bóveda, desde el centro de la cual un rostro perverso tallado en piedra colgaba inerte, con los ojos cerrados.

Describir semejante rostro en detalle sería inútil, era humanoide, con rasgos demoníacos y ajenos a toda armonía y razón. Pero lo fundamental era su expresión: contenía la maldad absoluta y primitiva, la ruina de todas las cosas. Una vez visto era imposible borrarlo del recuerdo.

Mientras tanto, los hombres con túnicas se movían alrededor del fuego, como poseídos, murmurando cada vez más alto cadencias más complejas. Los tonos se movían acompasados con el fuego, que subía y bajaba con los cantos. Todo indicaba que se acercaba el clímax: el baile cada vez más violento y los murmullos cada vez más agudos y caóticos.

Entonces, cuando los encapuchados parecían a punto de desfallecer y el canto alcanzó su culmen de intensidad, el fuego pareció restallar por dentro, se escuchó un rugido atronador y el rostro malévolo abrió los ojos que brillaron con odio. Al mismo tiempo lenguas de fuego arrastraron a los acólitos al centro del fuego y los consumieron en segundos.

El fuego, más violento que nunca, azotaba el rostro que sonreía y esperaba.

Una figura solitaria, el maestro, se acercó y arrodilló muy cerca de las llamas. Unió sus manos en una extraña genuflexión y mirando al fuego realizó su súplica.

-Antiguo y poderoso espíritu, he realizado el sacrificio, ahora concédeme lo que te pido.

-Soy Azvankor, azote de azotes, me has despertado con alimento como exige la ley, ahora habla, mortal.

-Mi deseo es la inmortalidad, la existencia infinita.

-¿Estás dispuesto a pagar el precio?

-Sí.

-Atiende pequeña alma, solo más allá de la muerte se puede encontrar la inmortalidad. Ven, lo comprenderás.

En un instante las lenguas de fuego envolvieron al hombre, alzándolo y arrastrándolo hasta el corazón de las llamas. Pero no se quemó en segundos, tardó muchos minutos; durante los cuales unos ojos perversos observaban brillantes desde lo alto.

Lucidez

La cólera de los justos abrasa la tierra

Que, estremecida, se resquebraja lentamente

La humanidad entera llora muerte

Y el Diablo lánguidamente se despereza

 

Los cielos ocultos en nuestro pecho

Se reducen y enrarecen

Y nuestra mirada empañada se extiende

Desintegrando con su odio el Universo

 

Y es tan simple como ser amable

Con querer agradar y querer ayudar

Lo más conveniente para medrar

Y elevarse por encima de lo execrable

 

Es puro egoísmo lo que necesitamos

Pero egoísmo lúcido e inteligente

Del que sabe que depende completamente

De cada uno de los demás, de cada extraño.

Hablar con el otro

Execrar el mal y conducir la propia vida con rectitud se revela extremadamente difícil.

Es bastante sorprendente el hecho de que mucho errores tengan como origen la creencia de que es esencial ser estrictamente lógico y situar la rectitud por encima de todo. Existe una vía más elevada que la rectitud pero su descubrimiento no es cosa fácil y requiere una sabiduría profunda. Comparados con esta vía los principios lógicos resultan verdaderamente insignificantes. Aunque aquel que no tenga experiencia no la conozca, existe un medio de descubrir la Verdad, aunque se haya sabido discernirla por uno mismo. Esta vía consiste en hablar con el otro. Sucede a menudo que una persona, aunque sea imperfecta, puede dar consejos juiciosos a otra, aunque esta última dé la impresión de que domina aparentemente la situación; es algo parecido al que, en el juego de Go tiene, “la ventaja de ser expectador”. Se dice que es también posible discernir las propias faltas mediante la “mirada interna” y la meditación; pero incluso en esos casos se obtienen mejores resultados si uno habla con los otros. La razón estriba en que se puede superar la propia capacidad de discernimiento si se aprende a escuchar adecuadamente a los demás y a leer buenos libros.

Siempre se enriquece uno con la experiencia de los Ancianos.

Hagakure

Jocho Yamamoto

El esguince mental

En algún lugar que no ocupaba espacio, podría ser la imaginación de alguien o un sueño anónimo, o quizá un deseo que a algún tipo se le fue de las manos. Sea como sea, en este lugar sin ubicación ni tiempo ciertos entes dotados de voluntad y lenguaje se comunicaban. O lo intentaban.

Como en realidad no estaban en ninguna parte, se sabe que el narrador, que soy yo, tiene licencia absoluta para inventarse lo que quiera siempre en beneficio de la historia. Así que allá vamos.

Dos tipos estaban sentados en un mismo sofá, en una habitación minúscula. Tan apretados que cuando uno movía aunque fuera un dedo hacía que el de al lado se agitase. Por ello estaban casi inmóviles. Hacía frío y cuando hablaban nubecillas de vapor salían de sus bocas.

-No veas qué frío ¿no? –dijo el de la izquierda, tembló y casi tiró al otro del sofá.

-Ten cuidado hombre. Por cierto ¿quién eres tú?

-Pues no lo sé la verdad, de repente estaba aquí y… joder qué frío. ¿Y quién eres tú?

-Si te molesta el frío díselo al narrador, podría habernos puesto en Cancún, tomando el Sol y bebiendo piña colada pero imagino que debe ser un poco sádico. Y lo siento, pero tampoco sé bien quién soy. Ya se irá desvelando.

-¿Qué quieres decir con eso de desvelando?

-¿Tú eres nuevo no?

-Supongo que sí, no recuerdo nada antes de esto.

– Qué suerte la mía. Siempre me tocan novatos. Mira, tanto tú como yo somos ideas, existimos de momento porque alguien nos está imaginando. Y eso es, cuando dejen de imaginarnos o resuelvan su embrollo mental ¡plaf! Dejaremos de existir.

-¿Y qué se supone que tenemos que hacer?

-Deberíamos tener un guion cada uno y defender posturas enfrentadas, lo que pasa es que el sindicato Fantasía ha metido mano en el asunto, hay, digamos, enfrentamientos entre patronal y trabajadores. De momento solo podemos esperar.

Entonces los dos tipos se quedaron en silencio mirando el vacío. Y por la ventana, que estaba abierta entró una avispa zumbando…

-¡Como una avispa zumbando! Mire señor narrador, se está pasando, eso no encaja, es invierno demonios, si una avispa intentara volar con este frío se congelaría en dos segundos.

…Parecía una avispa, pero en realidad era una granada de mano y fue a caer en el centro de la habitación. Mientras los tipos la miraban preparándose para morir vieron que aún tenía puesta la anilla.

-Mire usted, si vuelve a darme otro susto así le juro que renuncio.

-Oye ¿esto es normal? Este narrador quiere liquidarnos.

-Silencio novato, hay huelga de narradores, a saber de dónde carajo habrán sacado a este. Es la última vez que lo llaman, eso seguro.

En ese momento un par de folios cayeron en las manos de los dos tipos, el título decía “guión”.

-Por fin, a ver si acabamos con esto de una vez. Sigue tu papel y date prisa antes que este narrador bromista haga de las suyas.

Después de más de tres horas discutiendo y tras algunas jocosas pausas en las que hice que les atacaran pollos rabiosos con armadura por fin los dos tipos llegaron a un acuerdo. Y en alguna parte del mundo algún humano tomó una decisión.

Y saben qué les digo, que hoy me jubilo, y con el sueldo de narrador no da ni para pipas, así que para la ridícula pensión que me va a quedar me he permitido reírme un poco del sistema. Que les den.

-Bobo, llevamos tres horas aquí ¿vamos a ir a pillar al Huelin o a La Palma?

-Joder chiquillo, que he tenido un esguince mental, ojú. Creo que será mejor ir a La Palma.

-Venga vale, y así saludamos al Tirita.

-Oye ¿tú sabes qué es la cuarta pared?

-No, ni idea.

-Pues yo tampoco.

 

Vibración

Navegando despacio entre ondas de música, aparto los acordes y escalas pasajeras y vislumbro el sonido eterno. Nada está quieto ni se mueve, el espacio es incomprensible, las dimensiones están mustias y secas. El éter de estas zonas, más allá del cénit, despide una luz cantarina y las estrellas responden con fogonazos titilantes que construyen altísimos coros por fuera de esta realidad. La música resultante es cosechada con amor cuidadoso por las delicadas corrientes de las almas en transmigración.

Todo fluye, pero sin movimiento, en una respiración eterna. Contrapartida de la deliciosa música es este oleaje rumoroso y sin principio ni final. Es el vaivén de cada partícula elemental y de cada estructura formada por ellas, una a una, sumando sus pulsiones orquestan una brisa cargada de ciclos y hermosos sistemas. Y yo, que navego como ente limitado entre las ondas de la música espacial, adorno cada nota con una emoción pura y a cada escala le concedo una historia y a cada acorde un gesto.

Así, aporto el disfrute a la belleza inapreciable. Doy sentido a la maravilla inconsciente y con mi mirada creo ardientes paraísos.

“Tat twam asi”

Si hubiéramos de dar al espectador una explicación sobre su esencia interior que fuera también válida para la reflexión y se resumiera en una palabra, la mejor manera de hacerlo sería utilizar aquella fórmula sánscrita que aparece tan a menudo en los libros sagrados de los hindúes y se denomina Mahavakya, es decir, la gran palabra: “Tat twam asi”, es decir, “Este ser vivo eres tú”:
El mundo como voluntad y representación

Schopenhauer. 

Presencia

En tus ojos palpitan difusas estrellas de plata, galaxias de nácar.

En tus ojos, que contienen toda la santidad y la perversión.

Entre tus cabellos dormita desnuda la esencia de la Luz,

Pero las líneas de tus manos descienden hacia la Oscuridad viviente.

¿Quién eres tú, extraña dama nocturna envuelta en sombras y silencio?

¿Porque te abrigas contra mi pecho en las más frías noches sin Luna?

Tómatelo con filosofía

En ocasiones ocurren cosas, simplemente ocurren. Y es un error buscar un por qué, analizarlas o pretender ser un filósofo. Es más sano aceptarlas o al menos seguir rodando por la vida a su pesar. Pero seguir al fin y al cabo.

Aquel día llegué a mi casa al atardecer. Me puse cómodo, miré si el perro tenía agua y me senté delante del ordenador. En el correo electrónico había algo nuevo, un mensaje de una extraña compañía de implantación de recuerdos. Por curiosidad abrí el correo y seguí el enlace. El sistema de detección de programas informáticos me hizo una prueba a ver si yo era una persona o un virus. ¿Cuál de estas tres cosas sirve para medir el tiempo? Preguntaba el texto, y aparecían tres palabras: necesidad, reloj y Jung. Marqué la casilla correspondiente a reloj.

En ese momento una suave voz con acento alemán carraspeó con un deje de indignación y dijo una sola palabra.

-Tiempo.

Me giré rápidamente y allí estaba el tipo, sentado en mi sofá encendiéndose una pipa. Bien cómodo, mientras carraspeaba de nuevo, quizá como saludo. Llevaba puesto un traje bastante antiguo, tenía un pequeño bigote y una expresión cándida que me pareció totalmente fuera de lugar.

-¿Quién es usted? ¿Cómo ha entrado? –Le espeté, ya de pie y mirándolo desde arriba con expresión amenazante.

-Soy Jung, el psicoanalista, y no he entrado, realmente no estoy aquí ¿sabe usted? Lea su correo y lo entenderá todo.

-¿De qué habla? Si está ahí sentado, le estoy viendo. -Entonces me fijé que su figura era un poco tenue y translúcida y que mientras fumaba no soltaba humo. Por el rabillo del ojo miré el correo. Abrí mucho los ojos al ver el mensaje de la empresa de implantación de recuerdos: “Estamos orgullosos de comunicarle que damos por satisfecha su petición de tener consigo mismo, en su propia mente, a los principales intelectuales de la historia para cubrir todas sus necesidades. Gracias”.

-Dios, no puede ser. -Sólo pude decir eso.

Golpearon la puerta varias veces, entre la confusión se distinguían muchas voces diferentes.

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