Guerra y Navidad

Estoy seguro de que, a estas alturas de la evolución social humana, cualquiera que haya tenido acceso a una educación más o menos libre y la haya usado para pensar por sí mismo sabrá de sobra lo absurda que es cualquier guerra. Es algo obvio. Al fin y al cabo hablamos de seres humanos que se matan sin ningún motivo real para ellos. Siguiendo órdenes que no cuestionan en ningún momento, pero que no tienen, en realidad, ningún sentido con respecto a sus vidas personales.

Recuerdo aún el momento en que sentí esta idea desgarrarme por dentro: La idea del horror de la guerra por que sí, sin ninguna base real. Yo tenía dieciséis años, la mitad que cuando escribo esto, y estaba en una clase de historia. El profesor nos habló de la tregua de navidad, el famoso acontecimiento ocurrido en 1914 en el cual las tropas alemanas e inglesas, en plena primera guerra mundial, cenaron juntos en Navidad y jugaron al fútbol entre ellos. Una tregua espontánea que los altos mandos, cómo no, condenaron e intentaron evitar activamente. Cuando el profesor lo dijo yo no lo podía creer. Sobre todo pensaba lo siguiente: Si se han dado cuenta de que no tienen nada entre ellos, de que no son enemigos de verdad y que solo deben matarse porque alguien que ni siquiera está allí lo desea ¿por qué volvieron a enfrentarse poco después cuando acabó la tregua? ¿Por qué no se fueron a sus casas con sus familias? Y le dijeron a los presidentes y a los generales “aquí están las armas, terminad vosotros el trabajo”.

Como digo, aquello me dejó muy impresionado. Ahora pienso que quizá el ser humano tiene una tendencia a buscar líderes y seguirlos y, aunque soy optimista y creo que la cosa mejora, la inercia interior que nos hace comportarnos así es poderosa. La historia humana desde el principio hasta hoy tuvo líderes, aunque por suerte, al menos en algunas partes del mundo, cada vez más cuestionados.

Creo que es bueno recordar hechos como la tregua de navidad, ya que, aunque a algunos les escueza mucho, las cosas mejoran y las libertades avanzan. Es inevitable, es el propio ímpetu de la naturaleza humana: mejorar, avanzar, superarse. Quizá me equivoque, pero yo así lo siento y me alegro porque me hace ser más optimista. Y también más feliz.

Un poco de filosofía jamaicana para despedirme.

“No temas a la bomba atómica, ellos no pueden detener el tiempo”

Bob Marley, Redemption Song.

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