Qué inmensa fila de derrotas…
Sus horribles muecas se pierden
Más allá del amargo horizonte.
Y sin embargo sonrío a menudo,
Intuyendo cierta verdad
Balsámica para mi mente.
Sin duda el dolor es un maestro
Que escribe con nuestras lágrimas
Y encuaderna con nuestra piel.
Por ello sus muecas ya no lo son tanto
Parecen sonrisas y tiernas miradas
Y cada esqueleto se convierte en confidente
Y cada grito parece un consejo
Cada muerte interna es un principio
Y cada desgarro de la vida es un abrazo.
Por eso amo cada una de mis derrotas
Las invito a pasear por mi alma
Y las observo como un avaro su tesoro.
¡Qué gusto saber que como tu también invito a pasear a mis derrotas conmigo!
Buen día compañero
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Buen día y gracias por tu comentario y tus lecturas. Creo que es bueno tender una mano amiga al pasado, aunque a veces sea difícil. Y cueste. Hay mucho que aprender.
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