Serie B

En esta trepidante entrega de la mejor serie de la temporada, “El membrillo estelar”, nuestros héroes Jinn y Gina siguen atrapados en las antiguas minas de diamante, las entradas han sido bloqueadas, la única salida es un ascensor averiado para elevarse hasta la superficie. Pero fuera los esperan sus más acérrimos enemigos, Lord Kinkiboy, y, cómo no, su mano derecha Ser Canis además de sus esbirros, un ejército de marujas enfurecidas, rabiosas porque han quitado el sálvame delús. ¿Cómo podrán nuestros amigos escapar de tales peligros? ¿salvarán el pellejo de semejante situación desesperada? Todo eso y mucho más en el nuevo capítulo de tu serie favorita.

Lord Kinkiboy miraba con desprecio el agujero en el suelo. Sabía que sus enemigos estaban ahí, a un paso, pero no se le ocurría cómo llegar a ellos. Miró a Ser Canis.

-Joder canijo, piensa algo. Estas marujas de mierda se niegan a bajar, ni siquiera con cuerda.

Ser Canis se frotó el medallón con el dedo pulgar e índice como hacía siempre que intentaba pensar.

-Hostia- dijo de repente, se quedó callado un momento y añadió- ¡claro! Ya sé cómo darles pal pelo. Illo, yo tengo ahí gasolina y esto está lleno de matojos, les pegamos fuego y los tiramos para abajo. El humo los ahogará. Enga, amo allá.

Las marujas se apartaron, controlando sus mandíbulas, cuando los dos elementos empezaron a juntar matorrales.

-¿Jinn has oído eso? ¡Estamos acabados!

Gina estaba asustada, pero poco a poco se le fue ocurriendo una idea y la expresión de su cara fue cambiando de miedo a concentración. Jinn estaba mirando desesperado hacia la luz que se filtraba por el agujero, pero al ver la expresión de Gina supo que había esperanza.

-¿Qué se te ha ocurrido Gina?

Gina sonrío.

-¿Te acuerdas cuando nos quedamos sin un duro y estuvimos unos meses doblando pelis porno?

Jinn no respondió pero empezó a formarse una pequeña sonrisa en su rostro.

-Esas marujas mortíferas serán nuestra escapatoria- siguió Gina- están rabiosas porque han quitado el sálvame y han mandado a Jorge Javier al espacio profundo. Pero nosotros sabemos doblar voces. –La sonrisa de Jinn se expandió- Tú harás de Jorge Javier y yo de la rubia, la fea esa cómo se llame.

Gina se quitó el pelo de la frente y colocó sus manos en los hombros de él mientras lo miraba fijamente.

-Jinn, tenemos que hacerlo bien o nos ahúman.

-Tranqui Gina. Si quieres podemos ensayar un poco los papeles en voz baja, parece que se han alejado un poco.

Lord Kinkiboy estaba acarreando matojos hacia el borde del agujero para ponerlos con los que ya había. Vio a Ser Canis, que venía con dos latas de gasolina y sonreía mirándolo. Él también sonrió aunque estaba inquieto, veía a las marujas hipnotizadas cada vez más nerviosas, bufaban y sacudían sus cabezas con rulos.

-Date prisa coño.- Le dijo a Ser Canis.

Entonces una sintonía hecha por voces humanas empezó a salir del agujero, imitaban una música y entonces una mujer comenzó a cantar. “Sál-va-me, soy un náufrago, por favor, salvamé”.

Las marujas, a la vez, levantaron sus cabezas, algunas cayeron de espaldas, todas empezaron a echar espumarajos por la boca. Una voz como de Jorge Javier se elevó alta y clara.

-Buenas tardes, bienvenidos al nuevo sálvame espacial, la emisión se cortará en veinte segundos… Jajajaja, a no ser claro que… ¿Qué tienen que hacer Belén?

-Jorge, si quieren ver el programa y todos los despellejes que haremos es fácil. Ló único que deben hacer es coger al enano de rojo ese y al canijo alto y… cómo era… ah, eso: Hacerlos pedazos.

Las marujas bramaron y, como una sola maruja, embistieron en violenta estampìda.

Lord Kinkiboy corría como una gacela con sus cortas piernas y detrás lo seguía Ser Canis. Las marujas aullaban enloquecidas tras ellos.

Del agujero salió volando un gancho atado a una cuerda. Unos segundos después apareció la cabeza de una chica.

-Jinn, no te muevas tanto, esto es buenísimo. Ja ja ja, ojalá pudieras verlo.

Lord Kinkiboy y Ser Canis optaron por desnudarse mientras corrían, con lo cual las marujas, al no ver los colores, quedaron como toros desorientados, husmeando el aire. Mientras, los dos idiotas intentaban alejarse sigilosamente.

Gina subió, le dio la mano a Jinn, que también alcanzó la superficie, y juntos caminaron tranquilamente hacia Ciudad Alcachofa.

 

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