Por eso comprendo al lobo

Hoy salí a caminar a un descampado cerca de mi casa, para hacer como si estuviera en el campo y al menos pisar tierra y ver algo de verde. Mientras echaba un cigarrito en una piedra con forma de sofá y que parecía tallada (no es coña) aparecieron unas personas con sus perros. Eran grandes e iban sueltos, aunque entiendo que los pobres también tienen derecho a que los suelten en lugares solitarios como aquel.

Observé a dos enormes pastores alemanes jugando y no pude sino sentir cierta ternura, pero con un poso de tristeza. Pensé en Schopenhauer y eso que le gustaba decir: “Cuando más conozco a la gente más me gusta mi perro”.

Pobres perros idiotas. Es imposible, teniendo corazón, no conmoverse ante la mirada de un perro. Esa mirada de boba adoración, de desgarradora pleitesía. No existe forma de no amarlos. No existe. Y, sin embargo…

Sin embargo, también pienso a menudo que su lealtad y, porque no decirlo, su cándida estupidez, han sido labradas por los seres humanos a través de los siglos. Primero matando a los agresivos, después cruzándolos, más tarde con ingeniería genética. Puede que hubiera un tiempo en que tuviera sentido, es muy posible que muchos hombres de la edad de piedra sobrevivieran gracias a tener compañeros (entonces aún lobos) con un olfato y un oído muchas veces más agudos que los nuestros. Al fin y al cabo, los depredadores abundaban, y los frágiles humanos de entonces vivían expuestos a ellos. Los perros son aún hoy un sistema de alarma y defensa, pero puede que entonces fuera realmente necesario.

Hoy no lo es. Hoy son simplemente mascotas. Pero ¿y los casi extintos lobos? Ellos eran los originales, los lobos pueden comunicarse entre ellos, pueden hacer caer a su presa en emboscadas. Los perros son, en el fondo, peluches. No podrían sobrevivir por sí mismos en la mayor parte de los casos. Han sido creados, diseñados y entrenados para servir al hombre. ¿Qué pensaría un lobo de todo esto? Es posible que sintiera un profundo odio por el la humanidad y un desprecio aún más profundo por los perros.

Comenzó a chispear y me largué de mi imaginaria pradera para volver a mi casa. E iba yo rumiando este rollo todo el rato. Y pensaba, pobres perros, reducidos a un accesorio humano, a poco más que juguetes. ¿Y si una raza extraterrestre súper avanzada nos viera y decidiera hacer de nosotros mascotas? ¿Y si recombinaran nuestros genes para crear cientos de seres humanos de distintas razas que les fueran agradables para sus juegos y entretenimientos? A mí no me gustaría y por eso comprendo al lobo.

Pero, cuando estaba por subir en el ascensor, una chica de mi bloque llegó al portal, cuando subíamos juntos vi que llevaba un cachorrito en sus brazos. El animalito bizqueaba. Tiene un mes, me dijo. Lo miré y pensé: los habéis hecho realmente bien, es imposible no derretirse ante un cachorrito. La chica iba a un piso por debajo del mío y cuando salió, me dijo, es para el cumpleaños de mi hijo. Mientras abría la puerta de mi casa y escuchaba al niño llorar de alegría mis pensamientos fueron por otros derroteros. Quizá gracias a ser perros, quizá gracias a ése vínculo, sobrevivirían. Quizá en milenios, en una tierra devastada, los hombres y sus mascotas sean lo que quede.

¿Pero cuánto vale la vida, a cuánto cotiza la existencia? Quizá no tan cara.

Aunque el valor, es obvio, depende de quién maneje el peso y la regla.

Pero yo comprendo al lobo.

4 comentarios en “Por eso comprendo al lobo

  1. Me ha gustado mucho leerte y coincido con esa idea de peluche de las mascotas actuales y también sobre que es imposible no amarlos. Tuve un pastor cuando era pequeña y lo recuerdo como algo súper tierno, hablaba con él y hasta le contaba mis secretos 🙂, pero como tú también comprendo al lobo.
    Recuerdo que escribí una entrada hace tiempo de como hemos llegado a ‘domesticarlos’ también para que nos sean más útiles, como es el caso del bodeguero jerezano o ratonero andaluz.
    Me ha encantado tu pradera imaginaria y su sofá tallado en piedra, he podido sentirla e incluso verla; en un mundo de hormigón y asfalto estaríamos ciegos sin ellas …
    Abrazos Daniel 🍃🍀

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    • Me alegro que te haya gustado ^^. Recuerdo esa entrada. Es difícil de aceptar que el hombre adapte la vida animal, vegetal y el propio planeta para su propia comodidad y beneficio. ¿Hasta qué punto la inteligencia nos da derecho a ello? En fin, es complicado.

      Un abrazo, Úrsula, me alegro de saber de ti ^^

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