Alquimia humana

Cuando entiendes que no hay nada real que ganar es cuando, por una vez, has ganado algo. Ha sido un camino largo hasta entenderlo, en tiempo y distancia. Pero lo bueno de entender una verdad, aunque sea propia, es que una vez asimilada siempre está ahí, no se olvida, y si cambia suele ser para progresar.

La mente va desarrollando y puliendo la vieja magia, la alquimia de las emociones, tan antigua como el hombre. Ese extraño poder humano de transformar el dolor en conocimiento, la derrota en sonrisa, el defecto en virtud.

Si pío tan alegremente y muevo las alitas es porque me motivan estas aguas amables por donde discurre mi vida últimamente. Cada uno tiene sus circunstancias particulares, indivisibles de uno mismo, como escribió Ortega. Y hay que acarrearlas, no queda otra. Si la felicidad es una decisión como leí en Facebook, es, desde luego, una decisión colectiva y también totalmente dependiente de las circunstancias personales. Creo que al final es una decisión tan condicionada que hay que saber manejarla muy bien para poder decidir algo.

Pero aún no he piado bastante, me queda algún gorjeo todavía. Esta pequeña alegría que siento a menudo al menos merece un parrafito. Es grato andar contentillo, amigos, esa felicidad momentánea y electrizante reanima y justifica muchas cosas. Y esa resaca que te lleva… Igual que cuando uno se baña en la playa y al rato ve que está a 300 metros de la toalla y ni siquiera ha braceado un poco. Así la resaca mental va llevando hacia el buen rollo, relativizando las putadas con que nos bombardea la vida. Suavizándolas hasta desgastarlas y ser aire. Incluso haciéndonos disfrutar un poquito más de cualquier tontería y, como no, también deleitándonos con las flores del placer que también la vida nos ofrece a veces.

Como dijo mi profesor de dibujo en el tiempo en que escribí mi monólogo deprimente: Todo nace del contraste. Así que démosle su valor también a lo malo, aunque solo sirva para que destaque más lo bueno. A la larga la felicidad puede diluirse en la costumbre y desembocar en aburrimiento y anedonia.

Al final siempre hay que contar con que el equilibrio es importante, como sabían todas las culturan antiguas, y reflejó tan bien en su famosa frase Aristóteles. “En el término medio está la virtud”.

Así que mi consejo, como peatón del mundo “momentáneamente contentillo”, sería: Al menos inténtalo, intenta ser feliz. Si no se puede no se puede, el mundo y la vida tienen mucho que decir. Pero inténtalo, por lo menos no te ahogues en un vaso ni te pongas la zancadilla, no te recrees en el cabreo. Riega el buen ánimo y siembra más. Es lo que puedo decir, al menos a día de hoy: intenta ser feliz.

Al final voy a terminar escribiendo libros de autoayuda con soles y sonrisas en la portada. En fin.

Me voy en mi unicornio. Espérame Winnie the Pooh.

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