Armonía

Aquella tarde salí a caminar, me dirigía hacia la playa cuando noté que había olvidado el mp3. Pensé en volver a por él, pero era tarde ya y si volvía sabía que me quedaría en casa. Así que seguí callejeando en dirección al mar.

Al llegar a cierto recodo del paseo marítimo, vi al viejecito de siempre, rodeado de baratijas. Me acerqué y observé varios aparatos electrónicos, lo cual no era habitual.

-¿Y eso? –Dije señalando una pequeña radio y una serie de auriculares.

-Hay que modernizarse, corazón. Vendiendo artesanías no se gana ni para la cruz de madera.

-Pero si tiene usted hasta reproductores de música.

-Ah sí. Tome, quédese uno. Por su amabilidad, para el caso creo que no funcionan.

El viejecito colocó en la palma de mi mano un mp3 grande, feo y sin pantalla.

-Ah, gracias. –Dije, sin saber si devolverle aquella antigualla.

-Con Dios. –Dijo el viejo y volvió a su faena de hacer pulseritas y ceniceros con material reciclado.

Me guardé el cacharro en el bolso y seguí con mi ejercicio. Pero poco después empecé a sentir una débil música que me acompañaba, abrí el bolso y examiné el arcaico reproductor: los cascos estaban sonando. Por curiosidad me los puse.

La canción era instrumental y deliciosa. Ahora sí estaba sorprendida de verdad, me senté a tomar un descanso y escuchar el tema, mientras pensaba en la cadena de casualidades.

Y la cadena se volvió loca. Tanto que, por un momento, el mundo encajó y sentí como si siempre hubiera sido así.

Mientras la música fluía desde los cascos, el mar y el cielo empezaron a sincronizarse con ella. Los pájaros remolineaban entre los azules al ritmo de la guitarra y las olas parecían simular los coros. El aire soplaba al ritmo de las flautas y hasta la tierra parecía temblar con las cadencias de los bajos. El mundo entero era música. Me sentí invadida por un nuevo placer mientras aquel milagro ocurría. Lloré de felicidad al observar la armonía y belleza de todas las cosas. Su perfección única y combinada.

Hasta que me quedé dormida en la arena.

Aun no entiendo qué ocurrió aquel día. Solo sé que el reproductor no estaba cuando desperté y el viejecito no recordaba nada de aquel asunto. No sé cómo explicarlo, pero para mí fue real y qué importa lo demás.

Si es que hay algo más.

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