Versos del crepúsculo

Entre la vigilia y el sueño vislumbré…

Miradas de pupilas torcidas que humeaban entre la niebla.

El sol como una herida en el cielo y la luna goteando pus sobre los cementerios.

Una garra que se cerraba sobre una garganta.

Las mañanas que se pudrían unas junto a otras como manzanas en un saco de piel humana.

Un cuerno colosal que surgía entre el sucio polvo al que se redujo todo.

Una noche que no tenía fin.

Entre la vigilia y el sueño escuché…

Los alaridos que vuelan entre las nubes, pisándose unos a otros.

Vientos del crepúsculo que ululaban de los cuarteles a los ayuntamientos, desde los colegios a las prisiones y de las cunas a las tumbas.

Una palabra que podía matar a toda la humanidad. Y la palabra era: avaricia.

Las suaves notas de la canción de los muertos bailando sobre la hojarasca.

El chirrido de los dientes de las tinieblas y el veneno que cae de sus colmillos.

Un llanto que jamás se apagó.

Entre la vigilia y el sueño sentí…

El calor de la muerte y el frío de la vida.

Miles de amores suicidas cogidos de la mano.

La resaca de lánguidos mares de colores gastados.

Rodantes riadas de ojos fundidos que resbalaban por nuestros cuerpos.

La alegría de un anciano que mira el mundo por última vez.

Un desasosiego que nunca cicatrizó.


Entre la vigilia y el sueño aprendí…

La sabiduría que emana de los árboles muertos.

A sonreírle al barquero que espera en la ribera.

A nadar entre los susurros nocturnos, a beber del pecho de la noche.

Todo lo que aparece claro y rutilante cuando sabes que comprender es igual que confundirse.

A mantener la mano firme cuando paso las oscuras páginas del destino.

La revelación de los huesos de ceniza.

Y ahora

Ahora, que las tardes se marchitan en mi regazo como las flores de Baudelaire

Ahora, que la noche comienza a robar los brillantes colores.

Ahora que vi, escuché, sentí y comprendí.

Ahora…

Es el final de todos los finales.

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