Podemos escribirlo por usted al por mayor

Un relato de homenaje a Philip K Dick para el Club de Fantasía Manuel Berlanga, en su encuentro sobre la novela Ubik

¡Importante!

Advertencia preliminar:

Ubíquese ubicuamente para leer el relato, por favor. Siga siempre las instrucciones. Consumir con moderación. Leer cuidadosamente el prospecto. Inofensivo si se siguen las medidas de seguridad reglamentarias.

1

El viejo Fat Phil rebuscaba monedas en el fondo de los bolsillos de su gabardina, cuando comenzó a llover. Intentó correr, pero esa agua grasienta, esa inmundicia de los cielos industriales de aquella maldita ciudad, lo estaba calando hasta los huesos.

Entonces la desesperación acumulada en sus hombros, que era mucha, comenzó a calarle también y a pesar tanto que ya no podía más. Debía seis meses de alquiler y tanto dinero que de la calle iría a la cárcel.

El viejo Fat se asomó al puente de titanio reforzado y miró la desembocadura del río, los oscuros remolinos parecían atraerle de una forma hipnótica. Sería rápido, sería fácil. Empezó a quitarse los zapatos, pero pensó que con ellos pesaría más y se hundiría más rápido.

Mientras volvía a ponérselos comenzó a sentir un extraño calor en el pecho y percibió una luz rosada por el rabillo del ojo. Miró en la dirección de dónde provenía el resplandor, pero éste había desaparecido.

Pero entonces en su puño izquierdo sintió cómo aparecía un calorcillo y un peso, abrió la mano anonadado, y descubrió una perla rosa que flotaba en su palma. La perla lo saludó psíquicamente. La guardó rápidamente en su bolsillo y se fijó en el cielo donde un rayo rosa desaparecía en el espacio, sintió una extraña familiaridad al verlo, como si esa luz fuera alguien que conociera.

Y, por un momento, vislumbró un futuro en el cual escribía varias obras maestras. Una se llamaba Pubic y había otra, se llamaba… ¿Cómo era? el hombre en el…

Entonces se despertó y ante sus ojos se materializó una pared sucia llena de humedad. Sintió un roer en las tripas y le vino un inconfundible olor a cerrado que le recordaba a un sitio muy conocido.

2

En un señorial y enorme comedor, un hombre y una mujer, ataviados como si fueran los invitados de una boda, se disponían a cenar. Eran Palmer Eldritch y Nicole Thiboideu, presidente y primera dama de Dickland. En la mesa cabían más de treinta personas y cada uno se sentaba en un extremo, con lo cual a veces debían levantar la voz. Mientras esperaban la cena charlaban de asuntos triviales.

En una habitación muy diferente, la jefa de cocina miraba a un cerdito rosado que fumaba un cigarrillo.

–No deberías hacer eso. –Le dijo. Ahora se quejarán porque sabes mal.

–Yo no me preocuparía por eso ¿Tienes cigarrillos? –Respondió el cerdito.

–Son para el señor. Lo siento, amigo, pero ya sabes lo que viene ¿no?

–Sí, no le guardo rencor. Entiendo su posición.

–Pues venga, al horno.

El señor Palmer y la señora Thibodeau se relamieron al sentir el olor que venía de la cocina.

–Cariño, esa cocinera ha sido todo un hallazgo. –Dijo la primera dama.

–Oh, sí. Y hoy tenemos un regalo del señor Bonforte, supongo que quiere hacernos la pelota, je, je. –respondió su marido.

–¿Te refieres a Joseph Bonforte, el presidente de Ansonville?

–Sí, al calvete bigotín.

–Ja, ja, ja.

–Ju, ju, ju.

Dos camareras entraron por dos puertas y sirvieron a la vez los platos. Lo hacían así porque al ser tan larga la mesa la comida quedaba fría al recorrerla.

–Hum, esto está riquísimo. ¿Qué es?

–No sé qué bicho alienígena, se llama Wub[1], creo. Y joder, sí que está bueno.

De pronto ambos soltaron los cubiertos a la vez y quedaron con expresiones congeladas. Entonces parecieron apagarse y relajarse y unos segundos después se animaron de golpe.

–Hum, tierno y jugoso. Qué delicia. Ojalá fuera más grande. –Dijo el presidente. –Por favor, camarera, que vega la jefa de cocina.

La mujer extrañada acudió presta a la llamada.

–Dame un cigarrillo. Ya que antes no quisiste.

–¿Perdón?

–No importa. Por favor establece una conferencia con Ansoville, diles que establezcan un código cuco. Ellos lo entenderán.

–Sí, señor.

–Y llama a mi secretaria.

3

La Máquina de Ideas Brillantes resplandecía en la oscuridad del sucio callejón, cuando Donna y Joe toparon con ella empezaron a pedirse monedas unos a otros.

–No tengo un puto Dick–Coin. Gasté los últimos en el tabaco, idiota. –Refunfuño Donna.

–Es la última vez que te presto dinero. –Dijo Joe.

–Pero si llevo alimentándote una semana, cabronazo.

Un tipo salió de la oscuridad, les dio unas monedas y volvió a desaparecer.

–¿Y este tío? –Dijo Joe sorprendido.

Una voz en off dijo entonces:

–Es un recurso barato, marca de la casa, vamos echad las monedas.

Ambos se miraron confundidos, pero hicieron caso. La máquina comenzó a traquetear. Un haz de luz procedente de un agujerito formó un rostro tridimensional, el holograma de un viejo calvo con barba blanca y aire de sabiduría.

–¿Qué idea os hace falta? ¿De qué tipo?

–Necesitamos una idea genial para conseguir un montón de dinero.

–¿Una idea genial? Podría dártela, pero ¿de qué serviría? He escaneado tu cerebro y no eres muy lista que digamos. ¿Seguro que no quieres otra opción? Algo de tu nivel, por ejemplo, podría ofrecerte una idea para arreglar los suspensores de los carritos de la compra. Creo que te iría mejor.

–Donna, esta máquina está rota. No da ideas, da consejos.

–Y me ha dicho imbécil en toda la cara.

–Bueno, tranquila.

–En toda mi cara –repitió Donna, y se lanzó contra la máquina.

Joe observaba saltar los muelles, resortes y planchas de metal mientras una vocecilla metálica cada vez más débil daba parte a la policía.

4

Julia estaba sentada en la parada del autobús, donde había quedado con su padre. Su madre no sabía que había ido a verlo o se habría puesto hecha una furia. Le había dicho que iba al holocine con unas amigas. La joven se impacientaba cada vez más por la tardanza. Se levantó y justo cuando iba a llamarlo recibió una llamada de Fat Phil, su padre.

–Estoy en el calabozo. ¿Puedes sacarme? Solo piden seis mil Dick–Coins de fianza, si presentas seiscientos podemos ir pagando poco a poco. ¿Los tienes?

Julia colgó y se sintió profundamente defraudada, ya no sabía cuántas veces había sentido algo así, pero esta sensación era particularmente amarga. Dio una patada a un contenedor de basura y se dirigió a los calabozos del cuartel de policía.

Mientras esperaba en la sala que le indicó el poli, escuchó las noticias de la anticuada trivisón que tenían adosada a la pared.

«Todo el mundo comenta la anexión de Dickland por parte de Ansonville, nuestro reino vecino ahora es nuestro dirigente. Aunque Palmer Eldritch había jurado borrarlos de la tierra hoy besa el escudo de Ansonville y le dedica estas palabras: “Fraternidad eterna.” La gente no sabe que pensar y las manifestaciones son multitudinarias. Mientras tanto, Lem Hills busca alianzas ante el doble rival que le ha surgido…»

Lo que faltaba, ahora inestabilidad política, qué puta mierda, pensó Julia. Mientras maldecía a su padre y se preguntaba qué hacía allí un poli se le acercó.

–Pss. Niña. Soy Jimi T Plot. Sígueme.

–¿Jimi Twist Plot[2]?*

–Sí. ¿Cómo lo has sabido?

–Conozco a mi padre.

5

El calabozo era un pedazo de mugre enrejada. En él cuatro trozos de mugre horizontal formaban camas literas. Había un váter, un lavabo y dos banquitos para sentarse llenos de mugre. Todo estaba rodeado de barrotes negros. Cubiertos de mugre, por supuesto.

Donna y Joe estaban sentados en uno de los bancos muy apretaditos con una expresión de miedo e inseguridad. Fat Phil roncaba en una de las camas de abajo.

Enfrente un guardia sentado en un sillón intentaba leer un libro. El título rezaba: «El hombre en el rastrillo».

–Dale un golpecito al gordo. –Dijo el guarda a Joe. –A ver si se despierta porque así no hay quien lea.

Joe se hizo el tonto y el guardia sacó su silbato y sopló bajito.

–Si soplo fuerte pensarán que hay problemas.

Volvió a intentar leer, pero Fat cada vez roncaba más fuerte. Al final el guardia le tiró una taza que le dio en toda la cabeza.

El pobre tipo se revolvió y cayó de la cama. Se puso en pie y se encaró con el guardia, que sonreía.

Fat Phil abrió la boca para insultarlo, pero se fijó en el libro. Lo señaló.

–¿De dónde lo ha sacado?

–Lo regalaban con el periódico, ponía que ha sido un best-seller internacional.

–¿Quién es el autor?

–No sé aquí pone Fat Phil. Pero no creo que sea un nombre real.

–Pobre imbécil… –Dijo Phil.

El poli se revolvió.

–¿Cómo ha dicho? Tenga cuidado, amigo.

–Yo no soy su amigo. Recuerde el desierto. Recuérdelo. –Dijo Fat con convicción.

El poli pareció turbado.

–Recuerde el calor y la arena. Y recuerde la palabra de poder: ¡Ranganatán!

Los ojos del poli se nublaron y sus hombros se aflojaron.

–¿Sí? –dijo débilmente el agente.

–Abre la puerta y llévanos en coche donde yo te diga.

–Sí, de acuerdo.

Antes de salir el gordo dejó su libro sobre la mesilla del guardia.

Ya de camino, Joe y Donna interrogaron a Phil sobre el extrañísimo suceso.

–No puedo deciros el motivo, pero ese poli es un exmilitar y bueno digamos que le comieron un poco el coco con ciertas drogas en la Guerra del Gobi, lo condicionaron con esa palabra. No es una historia agradable.

–¿Y cómo cojones lo supiste? –Dijo Jon.

–Eso no puedo decírtelo, amigo. Pero te diré algo. Sé que te gusta la lotería solar, escucha con atención.

Susurró algo al oído de Joe.

–No lo olvides. –Le dijo Fat Phil.

6

Julia encontró el calabozo con las puertas abiertas, completamente vacío salvo por un librito. Sin saber qué hacer, lo abrió y vio que lo había escrito su padre. Ponía su nombre y su foto estaba en la solapa. De él cayó un pequeño panfleto, era extraño y había algo sobrenatural en él. Lo cogió y comenzó a leer.

Unos apuntes sobre metafísica ficticia.

Los personajes de ficción somos creados y modelados a capricho de los seres humanos. Para nosotros son dioses. Ocurre a veces que un personaje de ficción crea a otros, pero es solo un espejismo, el que maneja los hilos siempre es el humano. No obstante, hay una posibilidad. Si el humano libera al personaje de ficción éste tendrá autonomía y se convertirá en un ser real. ¿Y cómo ocurre esto? De una única forma: el escritor debe creer sinceramente que el personaje existe.

 En Dick and Deck Asociados le ofrecemos, por un módico precio, la posibilidad de ser representados por abogados expertos en el juicio de la realidad. Los jueces de la metafísica ficticia son duros y suelen ser parciales, pero con nuestro equipo de profesionales no tendrá nada que temer. ¡Llámenos!

Julia estaba cansada y no entendía nada. Se sentó y se masajeó las sienes. Inspiró y expiró lentamente y se imaginó en una playa tropical escuchando el mar, tumbada en una hamaca a diez mil kilómetros del problema más cercano. Comenzó a sentir un calor extraño y el aire olía a sal.

Julia abrió los ojos y observó en horizonte sobre el mar. Una avioneta pasó con un mensaje en su cola. «Bienvenida a Honolulú, Julia. Ahora voy. Tu padre».

7

Fat Phil, miraba la hipnótica perla rosada. Aún no comprendía cómo podía haberla sacado de un sueño. Quizá el creador quiso que así fuera, sin más. Ahora que sabía que era un personaje de ficción muchas cosas absurdas cobraban sentido. Por ejemplo, aquel objeto, el AutoChing Aleph Edition[3], cuyo nombre se le había revelado, contenía toda la información del Universo, pasada presente y futura; y además de aconsejar permitía conectar vía mental con el escritor y mandarle una solicitud, una especia de plegaria administrativa. Acababa de pedirle que enviara a su hija y a él a Hawái. ¿Cómo podía existir algo así? Fat Phil empezó a pensar que quizá su creador no estaba del todo bien de la cabeza. Pero observando la brillante perla concluyó que, aunque loco, era un tipo enrollado.

Fat se puso el bañador, cogió la toalla y fue a reunirse con su hija. Desde ese día, se prometió, todo rodaría suavemente. Todo iría como la seda.

 8

John A Tower suspiró aburrido y cerro el bloc de notas digital. El Neo Amatorio de los Primos Hermanos era un lugar colosal y silencioso, le ponía los pelos de punta. La conversación con los restos de Philip K Dick reconstruidos genéticamente hasta formar una conciencia en teoría estable habían tenido unos resultados tan extraños como previsibles: un montón de mierda, hablando claro. Y pensar que vine a preguntarle la contraseña de la caja fuerte de la abuela por encargo de su bisnieta, rumiaba el señor Tower mientras salía del complejo.

Al salir John, un tipo lo paró y comenzó a hacerle preguntas, tenía un aspecto extraño, vestía con ropas ridículas y parecía fuera de lugar.

–¿Podría decirme dónde se encuentra el registro de los personajes de ficción? Me gustaría poner una reclamación.

John suspiró. Le sonaba aquel idiota.

–¿Eres Joe Chip?

–Anda. Me has reconocido. ¿Soy el personaje de un escritor famoso?

–Relativamente. Famoso o no, pasó a mejor vida. No puedes reclamarle a él, necesitas un abogado y pedir cita en los juzgados de la meta realidad.

–¿Tienes una moneda?

–No, lo siento.

–Esperaba más de la tierra de los dioses, la verdad. –Dijo Joe con expresión decepcionada.

John le explicó la cruda realidad. Los humanos no dirigían completamente sus vidas, había unos hilos invisibles que llegan hasta unos tipos llamados «políticos».

–¿Los dioses de los dioses?

–Casi. –dijo el señor Tower. –Oye ¿cómo has llegado a la realidad?

–Me ha tocado en la lotería. Tuve suerte.

–Vaya, me alegro.

–Creo que eres un buen tipo. Te invito a comer Wub, me sale delicioso.

–¿Y eso qué es?

–Es una receta de mi creador, una maravilla culinaria, te encantará. Vamos.

A John le sonaba aquella palabra, pero no tenía claro de dónde.

–¿Por qué no? Estoy muerto de hambre. –Respondió al fin.

FIN

Málaga, 24 de noviembre de 2022


[1] Wub: criatura extraída de un relato de Philip K Dick. Cuando alguien devora a este cerdito inteligente extraterrestre, su cuerpo queda a merced de la criatura y es poseído por ella.

[2] Twist plot: Giro inesperado de la trama de una historia, anglicismo usado en el argot literario.

[3] Legendario objeto que me estoy inventando ahora mismo, el cual se basa en el oráculo chino, el libro del I Ching, el cuál puede predecir la fortuna si uno sabe interpretar sus palabras. El objeto que nos ocupa predice el futuro en tiempo real y aconseja sobre cada decisión y todo en forma de simpática voz telepática. Hay tres voces de chico y otras tres de chica para elegir. Se trata de la Aleph Edition, por lo tanto, esta edición ampliada no solo conoce el futuro, sino absolutamente todo. Posee además interesantes funciones adicionales.

Anuncio publicitario

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s